Un análisis al mensaje de Malala: Las dos caras del derecho a la educación.

Malala Yousafzai, quien hace 2 años fue herida de bala en la cabeza por parte de grupos fundamentalistas islámicos por proclamar su derecho a la educación en su condición femenina, fue el pasado viernes acreedora  de un Premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la persona más joven en obtenerlo gracias a su lucha en contra del radicalismo y en favor del derecho a la educación de las mujeres.

Se me hace muy curioso el caso de Malala, ya que su mensaje conmovedor podría estar propenso a que se observe el problema desde dos perspectivas distintas  las cuales describiré más adelante, sin embargo, a raíz de eso no puedo evitar cuestionarme, ¿Debemos garantizar la educación como un derecho?, O ¿Deberíamos permitir la libre elección a la educación como un derecho?

Imaginemos por un momento que queremos ejecutar la acción de educar a un individuo, para ello, necesitaremos establecer un tema sobre el cual instruirlo; acto seguido, necesitaremos buscar a un profesor que esté capacitado para enseñar sobre este tema; posteriormente deberemos dotar al profesor e individuo de instrumentos que faciliten el proceso educativo, como por ejemplo, libros; y por último, habrá que buscar un espacio cuyas condiciones estén dadas para ejecutar un proceso de aprendizaje efectivo como en un salón de clases. Pareciera un proceso muy sencillo hasta que nos encontramos con el siguiente impedimento, ¿Cómo pagaremos a los profesores, los libros y la construcción de un salón de clase?, claramente el profesor, ni el constructor, ni el librero prestarán sus bienes o servicios gratis, y si decidieran hacerlo como un acto de caridad, entonces deberemos enfrentar otro problema, ¿Cuántos individuos podrán beneficiarse de estas clases? , posiblemente no todos ya que el espacio sería limitado.

El gran problema dentro de este acertijo, es que la educación califica como un bien económico, y a su vez resulta una realidad innegable que los bienes económicos son escasos, por lo que ¿podrán todos beneficiarse de su derecho aun siendo escaso?

Adicionalmente, si configuramos un bien económico como un derecho,  al menos en el caso de la educación, alguien tendrá que ocuparse de establecer los programas de aprendizaje, buscar profesores, dotar de material y construir salones de clase, es decir, estaríamos convirtiendo nuestro “derecho” en una acción que debe ser satisfecha primero por alguien más. Esto es lo que mejor se conoce como derecho positivo, o como a mí a veces me gusta llamarle “derecho-dependencia”.

¿Y qué pasa con aquellos que simplemente no quieren educarse?, ¿Cómo garantizarle un derecho a alguien que no quiere hacer uso de él?, Entonces ya no debería considerarse como un derecho.

Ahora bien, no creo que el mensaje de Malala se refiera a lo que el término de derecho positivo sugiere. De hecho, considero que su lucha radica en el hecho de que no se le prohíba su libre elección a educarse, lo cual resulta extremadamente diferente a lo que antes mencionaba.

Es muy importante establecer esta diferencia, ya que  si mi interpretación es acertada, entonces estaríamos refiriéndonos a los derechos negativos, los cuales podemos ejercer sin necesidad de la acción de alguien más.

Resulta un poco preocupante tratar de pronosticar por cuál de las dos aristas será visto el mensaje de Malala, puesto que esta valiente Joven que ha impactado al mundo, ya ha comienza a ser un icono de influencia, al menos en el mundo de las ideas fundamentalistas del Islam.

Aun así, si observamos el mensaje de Malala desde la perspectiva de la libre elección, notaremos el gran valor que posee, considerando que ella creció en un entorno en donde no hubo puntos de comparación que le permitiesen pensar en un cambio más allá de su religión.

Malala

¿Quién paga la deuda externa?

La razón por la que una caída abrupta en los precios de bonos resulta un indicador tan preocupante, es porque financieramente, cuando un deudor no está en capacidad de pagar su deuda, ésta se califica como una de alto riesgo, y por supuesto que bajo esas condiciones, nadie querrá ser el acreedor, por ello los precios de los bonos caen y los intereses se disparan.  Si el deudor entra en una cesación de pagos, o también calificado como “default”, el acreedor procederá a confiscar activos que equiparen el valor de la deuda, lo cual podría significar una consecuencia catastrófica, entonces a partir de esta etapa el deudor se ve en la necesidad de obtener la liquidez requerida de donde sea posible, para honrar la deuda.

Hace un mes nos encontrábamos a la expectativa de que el Gobierno de Venezuela pudiese entrar en un default. Con la caída de los precios de los bonos, corroboramos que el Estado Venezolano es un deudor riesgoso, y ante la posibilidad de caer en la cesación de pagos fue mucha la incertidumbre generada, considerando que las posibles consecuencias sería el congelamiento de activos en el exterior. Una historia que ya todos conocemos.

¿Quién paga por esta deuda?

Luis Vicente León afirmó que no creía que el Gobierno permitiese una cesación de pagos, y al haber llegado Octubre, el mes decisivo, podemos corroborar lo que León tanto aseveró, puesto que ya se reportan transferencia s a los tenedores de bono provenientes de los fondos de las reservas internacionales.  Pero realmente, ¿Quiénes están pagando por esta deuda?, pues, obviamente, todos los venezolanos.

Me parece curioso ya que, a sabiendas de que el estado se endeuda a costa de todos los venezolanos sin beneficio alguno para ellos, también paga la deuda por medio de las restricciones que les coloca, entonces no puedo evitar preguntarme, ¿Cuál es el fin del Estado para con los individuos?, resulta muy irónico asimilar que si bien los venezolanos procuran tener un estado paternalista, aquí pareciera de hecho todo lo contrario, los individuos son los padres del estado al asumir la deuda que éste acumula, ¿Para cumplir cuál fin?, pues ninguno que beneficie a los individuos sino uno que beneficial al mismo Estado.

Francisco Ibarra afirma que la deuda externa no tiene nada que ver con las deudas internas que el  Gobierno debe honrar con empresarios, estudiantes cursando programas en el exterior, y demás, pero si nos detenemos a evaluar el flujograma del BCV sobre el flujo de las reservas internacionales, entenderemos que realmente esta deuda sale del bolsillo de todos por igual, sobretodo atendiendo a la premisa de que “El petróleo es de todos”.

Un pronóstico no tan prometedor.

Hoy por hoy tenemos la sensación de que no caeremos en un default, pero lo más probable es que el estado vuelva a hacer uso del tradicional mecanismo nefasto para autofinanciarse, al utilizar su poder coercitivo para expandir la masa monetaria. No me sorprendería ver una devaluación a la vuelta de la esquina, ya que eventualmente el Gobierno se verá en la necesidad de producir más dinero.

Claro está que serán los individuos venezolanos quienes una vez más, pagarán las consecuencias de  una economía intervenida.

Círculo Bastiat: “Instituciones y Libre Mercado. Una mirada desde Douglass North”.

Tuve la oportunidad de asistir al pasado Círculo Bastiat oganizado por CEDICE Jóven, en donde el tema central fue “Instituciones y Libre Mercado. Una mirada desde Douglass North”, cuya ponencia vino de la mano de David Ceccato Grau.

Asimismo, un grupo de jóvenes sin distinción de ideologías, nos reunimos para escuchar la ponencia y hacer intervenciones con nuestros comentarios al final.

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¿Qué es una Institución?, fue la primera pregunta que se planteó en la ponencia. Ésta se definió como las restricciones que surgen de la inventiva humana, de la elección colectiva de la sociedad dependiendo de su historia, y se caracterizaron por ser endógenas a la misma. Asimismo, se hizo una conexión de causalidad entre las Instituciones, el poder político y la distribución de recursos.   

 

De acuerdo a Doulgas North, las Instituciones son “Las Reglas del juego en la sociedad. Ellas van a estructurar los incentivos de la misma”, entonces considerando que los humanos nos regimos bajo incentivos, de las Instituciones dependerá lo que haremos o no como individuos, es decir, de ellas dependerá nuestro desarrollo, el cual no será posible sin el libre mercado. El mismo ponente hizo referencia a este argumento al afirmar que “Aquella Institución buena será relacionada como una que traiga desarrollo de todo tipo (económico, político, cultural)”.

Por lo que creo que el mensaje intrínseco que este Círculo Bastiat me dejó, fue la gran importancia que tienen las Instituciones en las sociedades, y que nosotros, como jóvenes, deberíamos prestar un poco más de atención.

Fue sin duda una ponencia muy interesante y altamente académica. Sin embargo, el punto que captura especialmente mi atención mientras reviso mis apuntes, fue la aseveración de que no hay una relación definida de causalidad entre instituciones y desarrollo, ya que caer en este debate sería como tratar de descifrar qué vino primero, el huevo o la gallina. Recuerdo que fue un foco de discusión en la ronda de preguntas, y sobre ella me gustaría hacer una reflexión personal.

Particularmente considero que comparar la relación de causalidad entre Instituciones o Desarrollo con el debate del huevo y la gallina es agregar una perspectiva relativista la cual no comparto mucho (y creo que fue en lo único que pude diferir). Si el desarrollo proviene del libre mercado, y éste a su vez proviene de los incentivos individuales, entonces deben existir instituciones que estructuren incentivos de conformidad con lo anteriormente nombrado. Con esto insinúo que posiblemente las Instituciones hayan sido las predecesoras al desarrollo, pero claramente sólo aquellas que vayan de la mano con la libertad.

David Boaz en su trabajo Las Raíces del Liberalismo, hace una referencia implícita de esta relación de causalidad, mientras explicaba una de las razones por las que ocurrió el descenso del liberalismo  y un nuevo camino hacia el colectivismo a finales del siglo XIX,  “Los americanos y los británicos nacidos a finales del siglo XIX se encontraron con un mundo en donde la riqueza crecía rápidamente, al igual que la tecnología y los niveles de vida. Para ellos, no resultaba tan obvia la idea de que el mundo no hubiera sido siempre así. Y los que sí lo sabían, quizá ya hubieran asumido que el antiguo problema de la pobreza había sido resuelto. Ya no era importante mantener vivas las instituciones sociales que habían erradicado la pobreza”(p.10).

Claro que todos tenemos opiniones distintas, sin embargo, lo más virtuoso de la libertad es poder tener un debate libre de ideas, tal y como es la iniciativa de estos grandiosos Círculos.

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Retrato del hombre nuevo.

“…’Los hombres son renuentes a ser totalmente buenos o totalmente malos’. Lo primero que diría a quién defendiese tal proposición sería: ‘Hable por usted mismo, no por los demás’…”
Ayn Rand.

“Separarse de la especie por algo superior, no es soberbia, es amor”
Gustavo Cerati.

Por Voltairine.

¿Qué es ser un hombre nuevo?, es quizás la primera pregunta que se nos viene a la mente. Además de aquel famoso estribillo Marxista del “hombre espiritualmente emancipado de la enajenación del trabajo”, también es el estandarte de “libertad” que los intelectuales socialistas han tratado de vender. Mario Guilli y Silvia Vázquez en su ensayo sobre el tema, afirman que el socialismo es una sociedad superior y por ello el individuo se adapta a ella, convirtiéndose en el “hombre nuevo”, a través de una “transformación revolucionaria de su personalidad”, pero ¿qué significa transformar revolucionariamente nuestra personalidad en pro de adaptarnos a esta “sociedad superior”?

El hombre de Marx como un legado intelectualmente errado.

Marx afirma que el hombre está compuesto por dos clases de impulsos o apetitos, los constantes, o de carácter fisiológico en el humano, y los relativos, que deben su origen a cierta estructura social (poniendo como mayor ejemplo al capitalismo), son necesidades creadas y no son parte de la naturaleza humana, alejándolo de su conexión espiritual consigo mismo y de la riqueza de su propio potencial. La verdad es, que esos impulsos relativos de los que Marx hablaba, son sólo una consecuencia del potencial humano, no una piedra en el camino para el desarrollo del mismo, como los socialistas nos han querido hacer creer. Tomando en cuenta esta falacia, se puede observar claramente la primera mayor incoherencia del hombre nuevo con la libertad, puesto que éste no es más que un individuo con sus necesidades no fisiológicas controladas, lesionando significativamente su propia libertad de soñar, decidir, ejecutar y consecuentemente explotar su potencial humano. Si bien Marx pretendía “liberar al hombre de las necesidades creadas por el capitalismo”, entonces ahora éste pasaba a la sumisión colectiva y coercitiva de sus propias ambiciones.

Por otro lado, Marx alegaba que el hombre sólo estaba en contacto consigo mismo adorando lo que él ha creado, pero no reconociéndose a sí mismo como un creador, mostrando al trabajo y al dinero como ídolos del humano, por ello, éste debía lograr una emancipación de la auto-enajenación generada por dichos elementos, de nuevo, otro argumento falaz, puesto que no hay nada más satisfactorio para el individuo en esencia, que poder gozar del fruto del trabajo creado y ejecutado por él mismo. El hombre en su pleno ser, honra al trabajo porque de él viene una recompensa que servirá como medio de intercambio, para permitirle llevar a cabo sus planes personales, el hombre nuevo que ve al trabajo y al dinero como ídolos malos, no lo hace porque haya dejado de necesitarlos, sino porque en carencia de incentivos, hace un vulgar culto a la mediocridad.

Para Marx, la propiedad privada también representaba un ídolo que había que abolir, decía que “el comunismo es la expresión positiva de la abolición de la propiedad privada…”, pero nuevamente Marx subestimó el concepto de la propiedad privada, ya que ¿cómo podremos proteger y hacer valer nuestros derechos individuales si no poseemos la propiedad privada de los mismos?, ¿Cómo podemos establecer acuerdos contractuales si no poseemos la propiedad privada de nuestros derechos? El hombre nuevo no valora el verdadero sentido de la propiedad privada, por lo que de él no se puede esperar que respete la propiedad privada ajena, incluyendo los derechos del otro.

Con las condiciones anteriormente nombradas, se hace muy claro ver que la visión Marxista del hombre es una visión intelectualmente errada del mismo. Claramente, la proliferación de estos especímenes, se dará en un ambiente ajustado a las condiciones que el socialismo propone.

Guillermo Rodríguez González concuerda en que el axioma moral que rige la constitución del socialismo, es la envidia. Quizás Marx sufría de éste mal, pero también creo que existe la probabilidad de que sintiera una gran pereza hacia el esfuerzo que el trabajo implicaba, así desarrolló una visión muy limitada del hombre, y digo muy limitada, ya que según Marx los únicos intereses válidos para éste se reducían al arte, la caza, la pesca, entre otros; pero, ¿acaso es invalido tener interés propio en el sector del avance de capital, y desarrollar nuestro potencial humano en eso?, ¿quién era Marx para clamar que esto era inválido en un humano?, cada humano es libre de identificar sus propios intereses, pero no de dictar cuáles son buenos y cuáles son malos para los demás.

Marx alentaba al desprendimiento, y criticaba fuertemente al capitalista avaro, indiferentemente de si ser avaro es moralmente bueno o moralmente malo, una persona de ésta clase no hace daño a terceros, como si lo puede hacer en los antivalores implícitos en el legado de aquel hombre que Marx nos dejó.

El hombre nuevo y su verdadera transformación revolucionaria de la personalidad.

La concepción del individuo de Marx pasa entonces a ser el hombre nuevo advertido por Ernesto Che Guevara, concibiendo las bases sobre las que ésta teoría se ve forjada. Considerando que el legado Marxista del hombre nuevo posee inconsistencias con la libertad que éste tanto trataba de inculcarnos, se vuelve muy fácil pronosticar que el resultado de aquella “transformación revolucionaria de la personalidad”, con el fin de adaptarse a una “sociedad superior” llamada socialismo, no es una transformación positiva del humano, sino más bien toda una serie de antivalores que observaremos más adelante, y que, de hecho, encontraremos muy familiares en nuestro entorno.

Teniendo a un individuo con sus ambiciones truncadas, se identifica el primer y quizás más común antivalor de esta especie, el conformismo. El hombre nuevo es conformista, porque cuando el Leviatán empieza a controlar sus necesidades no fisiológicas, o como les llamaba Marx: “sus impulsos relativos”, no sólo destruye cualquier clase de incentivos existentes, sino que lo vuelve un parásito, a esperas de la limosna que pueda recibir. “A caballo regalado no se le mira el colmillo”, dice el refrán, y pues en efecto, el hombre nuevo no le mira el colmillo a la limosna que el Leviatán le da, porque ¿quién puede criticar algo que le están regalando?, de hecho el único incentivo del hombre nuevo es recibir y recibir, a cambio de muy poco esfuerzo, siendo esto quizás el mayor combustible de populismo en la historia.

Contrariamente, Louis Rougier en su obra “El genio de Occidente” relata el mito griego de Prometeo, en donde éste roba el fuego de Zeus para dárselo a los mortales, presentando como moraleja que el humano naturalmente siempre va a querer cambiar su condición para mejor, ajustándola a sus propios sueños. Si adaptamos esa premisa al hombre nuevo, concluiremos que éste no cae en conformismo, no obstante procede a caer en el oportunismo, siendo éste otro gran antivalor presente en él. Marx, en sus intenciones de liberar al hombre de la carga del trabajo, no contaba con que eso no iba a extinguir la ambición humana. Desafortunadamente, la ambición del hombre nuevo ya no será aquella de verdadero valor, sino una viciada de envidia perjudicial, que pretenderá pasar por encima de lo que sea necesario con el fin de lograr el objetivo, abriendo paso a una ética colectivista, a una serie de costumbres muy arraigadas de viveza, irresponsabilidad, desacato por las normas, y pare de contar.

El hombre nuevo no quiere pasar por nada que implique demasiado trabajo, a raíz de ello, la mediocridad es otro antivalor que se hace muy presente tanto en el hombre nuevo conformista, como en el oportunista. En el primero es fácil de observar, ya que en carencia de incentivos personales, y en conformidad con la limosna del Leviatán, el hombre nuevo no está motivado a competir, mucho menos a destacarse. Asimismo, el hombre nuevo oportunista también es mediocre, porque para él es más sencillo pasar por encima de los demás e irse por el camino fácil, que recorrer el camino honesto, con tal de obtener su cometido. Éste hombre nuevo oportunista es tan mediocre como el conformista en cuestión.

A pesar de las diferencias establecidas, el conformismo y el oportunismo en el hombre nuevo no son dos antivalores mutuamente excluyentes, el hombre nuevo puede perfectamente albergar ambos en sí mismo, ya que al no poder éste cambiar su realidad, se conforma con seguir persiguiendo sus fines a través de medios oportunistas. Cayendo en un perverso letargo, en donde no sabe diferenciar con claridad al bien del mal. Cuando esto ocurre, se dejan de reconocer las buenas acciones y se empiezan a justificar las malas, Ayn Rand hablaba sobre esta “moral gris” y decía que esto es uno de los síntomas más elocuentes de la quiebra moral de la cultura actual, luego aseveraba que es “una confesión psicológica que significa: ‘No estoy dispuesto a ser bueno y, por favor, no me considere totalmente malo’…”.

La principal exigencia moral de ser conformista y oportunista, es ser indiferente a los daños ajenos, en consecuencia, nacen el irrespeto y la irresponsabilidad hacia todo aquello del cual el hombre nuevo pueda obtener un fin, pero que a la vez pueda corromper fácilmente. Esto no sólo aplica para las leyes, o los objetos materiales, también aplica a seres humanos, obviamente a aquellos más vulnerables. Desafortunadamente en esa condición encaja perfectamente el género femenino.

Ludwig Von Mises, afirma que a lo largo de la historia, los derechos femeninos han sido casi inexistentes, los hombres eran despóticos con las mujeres y a éstas no se les permitía hacer todo lo que el hombre si podía. En este sentido, Mises agrega que la igualdad de derechos con la que las mujeres cuentan hoy en día, no se debe ni a rebeliones femeninas, ni tampoco a valores religiosos, sino a los valores instaurados por el capitalismo, puesto que cuando era la mujer la que traía riqueza al matrimonio, el hombre bajo un acuerdo contractual prometía cumplir con los mismos compromisos requeridos a la mujer, entre ellos la fidelidad. El fin detrás de todo esto, era evitar que éste tuviera hijos ilegítimos, y así proteger el capital de la familia. De hecho, Mises asevera que nunca hubo hombres tan fieles como en la época del capitalismo. Esto no significa directamente que la teoría del hombre nuevo sugiera machismo, pero si el capitalismo, sinónimo de libertad real, fue el que igualó los derechos de la mujer con respecto al hombre, el rechazo de éste podría significar un retroceso hacia lo que ha sido la historia de los derechos para el género femenino. Abolir la propiedad privada, como tanto quería Marx, insinúa abolir la posesión de los derechos propios, y por ende los acuerdos contractuales de carácter mutuo, lo que podría significar que las mujeres (físicamente más frágiles que los hombres), ya no tendrían cómo defender los derechos que tanto les costó alcanzar. No en vano, Carlos Alberto Montaner en su obra “Las raíces torcidas de Latinoamérica” concuerda con Mises al hacer una reseña de la trágica historia de los derechos de la mujer, y luego señala al estereotipo clásico del “macho latinoamericano”, como un resultado de esa nefasta herencia.

Considerando que a Latinoamérica se le conoce como “la tierra de las promesas incumplidas”, porque ésta no ha logrado conocer la prosperidad, entonces no es una casualidad que el hombre nuevo, hijo de estas tierras, aquel emancipado conformista, o el poco ético oportunista, sea visto como un estereotipo de maltratador a la mujer.

El hombre nuevo, más cerca de lo que creíamos.

Erich Fromm opina en fiel defensa del legado de Marx, que ésta visión del hombre nada tiene que ver con los casos más emblemáticos de socialismo en el mundo (como el de la Unión Soviética), poniendo a uno de éstos individuos como algo muy utópico y lejano de ocurrir. Pero -sin ánimos de desacreditar a Fromm- ya hemos adaptado las condiciones que Marx proponía, le quitamos al hombre la “auto-enajenación del dinero y el trabajo”, abolimos la propiedad privada, y de pronto el hombre se volvió conformista, oportunista, mediocre, irresponsable, experto en desacatar las leyes, y hasta machista; si éste no es el hombre nuevo, no sé quién lo será. Del mismo modo, no puedo evitar cuestionar, ¿Acaso no son éstas conductas muy comunes en la mentalidad Latinoamericana?; Carlos Alberto Montaner, Plinio Apueyo y Álvaro Vargas Llosa en el “Manual del perfecto idiota Latinoamericano” coinciden en que “La revolución y el socialismo latinoamericano han producido a un hombre nuevo. El idiota tiene razón. La revolución es un laboratorio de especímenes originales”.

Efectivamente, si usted estimado lector, reconoce alguna de éstas características en su entorno, pues permítame aclararle que cualquier parecido con la realidad, no se trata de ninguna coincidencia. Sobre todo en países cuyo sistema político no poseen una igualdad ante la ley, ni respetan los derechos de los individuos. Venezuela, albergue principal del socialismo del “Siglo XXI” (no más que una concepción Marxista adaptada a la nueva era), evidencia formar a hombres dignos de todas estas características. Ser un hombre nuevo significa estar emancipado, pero emancipado de las verdaderas conductas éticas y morales que éste espontáneamente pueda tener. Tristemente, que el hombre se vea emancipado de ellas no quiere decir que esté siguiendo su naturaleza per se, sino más bien una exigencia moral resultante de una carencia de libertad. Como especifican Montaner, Apueyo y Vargas Llosa, “Lo que no nos aclaró (la revolución) fue si este ser humano distinto y original sería mejor o peor que el anterior. Si dispondría de más o menos calorías, más o menos expectativa de vida, más o menos oportunidad de trabajo, más o menos bienestar”. Qué difícil es ser un hombre nuevo, ¿No?, sobre todo si esta transformación se trata de un mero sentido de supervivencia hacia la abundante maldad de los cerebros más lavados.

Un letargo de posible despertar.

Siendo Latinoamérica el ejemplo de hombres nuevos más fehaciente y cercanos que puedo observar, entonces sobre ella quisiera establecer las siguientes conjeturas.

He escuchado muchísimas veces sobre el problema cultural que reside en esta tierra, muchos sostienen la hipótesis de que la mentalidad de los latinoamericanos está muy subdesarrollada, y por eso es necesario un gobernante “con los pantalones bien puestos”, o como lo llamaba Laureano Vallenilla Lanz, un caudillo como un “gendarme necesario”, sin embargo esto tan solo es un pretexto para buscarnos gobernantes más populistas.

El problema cultural del hombre nuevo en Latinoamérica, es que no sólo encajamos con la idea original de Marx, sino que siempre hemos carecido de libertad, gracias a nuestras raíces torcidas, y gracias a la aparición de esos caudillos innecesarios. Hay que dejar las influencias con fuerte propaganda política a un lado, porque eso tan sólo es un instrumento privativo de libertad.

Si usted toma a un hombre nuevo, que cumpla con todas las características anteriormente nombradas, y lo suelta en un país que goce de desarrollo, éste se adaptará, e incluso antes de desacatar las reglas lo pensará dos veces. Esta fórmula mágica no guarda ningún secreto, más allá que un sistema de libertad bajo un imperio de la ley. Montaner, Apueyo y Vargas Llosa, ratifican esta teoría al expresar que “el hombre nuevo que emigra y se instala en otra sociedad acaba funcionando dentro de ella, a pesar de su poca experiencia y de tener la cabeza lavada por la propaganda”, porque después de todo, éstos comparten las mismas virtudes de querer abrirse paso a base de trabajo honesto, para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales. Dicho esto, se puede concluir que aquella teoría de establecer a un caudillo para infundir orden social, es una perversa falacia. Al hombre nuevo hay que enseñarle sobre la moneda de sus derechos, en donde una cara es libertad y la otra es la responsabilidad hacia los derechos ajenos, tratándolos a todos iguales ante la ley.

Dicho esto, podemos concluir que la mentalidad latinoamericana es producto de un nefasto legado. Montaner, Apueyo y Vargas Llosa alegan que “Lo que el hombre nuevo ha perdido en cultura democrática, no lo ha perdido en naturaleza humana”. He aquí pues, una apología a la mentalidad latinoamericana.

De aquellos que no quieren despertar del letargo, no puedo emitir muchas suposiciones, puesto que sólo uno mismo tiene la libertad de decidir entre abrir los ojos o permanecer cegado.