El hombre materialista.

Quizás uno de los argumentos más comunes que he escuchado en contra del capitalismo radica en lo materialistas que se vuelven los seres humanos al desenvolverse en dicho entorno. Si no usaban “materialismo” como el término clave, entonces utilizaban “consumismo”, exponiéndolo como la peor decadencia moral que puede tener un individuo. Pero, ¿Por qué esto representaría algo malo?, ¿Por qué tiene que ser malo querer un par de zapatos nuevos de vez en cuando?, ¿Qué hay de malo con aspirar a tener mejores cosas todos los días? de acuerdo a los críticos del capitalismo, porque “entonces tu vida girará entorno a cosas materiales, harás cualquier cosa por ellas y dejarás de valorar las buenas cosas que no se compran con dinero”.

Las raíces del argumento. 

Éste era un argumento que Marx apoyó hasta el final. De hecho, a Marx le gustaba decir que el hombre se había acostumbrado a adorar “ídolos falsos” que lo desconectaba de sí mismo como el creador, y obstaculizaban su contacto con la naturaleza. Para Marx, estos ídolos falsos podían ser cualquier cosa material, desde el dinero, prendas de vestir, objetos, hasta incluso, Dios y las religiones.

Lo cierto es que si analizamos la teoría de Marx con una mayor profundidad, podremos inferir que, en la escala de valoración subjetiva del hombre, lo material siempre valdría más que cualquier otra cosa que éste tenga que dar a cambio. Arrastrándo al individuo hacia un materialismo idólatra, que lo autoenajenaba. Entonces la solución que él proponía era bastante sencilla. Había que enmancipar al hombre de la autoenajenación. Pero ¿Cómo podríamos lograr esto?, pues eliminando la propiedad privada, haciendo una aplicación positiva del comunismo, como resultado final del socialismo.

Esto me causa bastante gracia, porque en un país como Venezuela, el Gobierno se ha encargado de emancipar al hombre de la autoenajenación. Al empresario avaro que le cobra precios caros al pueblo, le ponen precios con márgenes inferiores a los de sus costos de producción. Al pueblo materialista que compra y compra, debe acostumbrarse ahora a sólo comprar lo necesario (más aún si hay escasez de productos porque ningún empresario quiere producir para perder). Pero el resultado de todo esto, es una sociedad inclusive más materialista aún.

El resultado de la emancipación. 

Daka es una tienda de electrodomésticos muy grande situada en las ciudades más importantes de todo el país. Antes solía vender una gran cantidad de productos con más o menos alguna variedad, este año sólo logró tener en sus anaqueles laptops y licuadoras, para las cuales había que dar un número de identificación al momento de la compra, ya que no permitían que compraras cierta cantidad. No sé que pasó este mes, pero resulta que lograron surtir sus anaqueles nuevamente con televisores, lavadoras, secadoras, neveras, y demás. No bastó un día para que la gente se pusiera a acampar en la cola. Si, con carpas y baños portátiles, para poder obtener el turno de entrar a comprar un televisor pantalla plana.

Entiendo que quieras tener equipos modernos en tu hogar, pero en tu escala de valoración subjetiva, ¿Un televisor vale más que hacer una cola de días en una carpa?, ¿Un televisor vale más que tu dignidad?, ahora bien, ¿No es eso lo mismo que adorar a un ídolo falso?, ¿No es eso un materialismo de la peor decadencia moral? Es en este punto en donde evidencio que aquella emancipación de la que Marx tanto nos hablaba, solo vuelve al hombre más materialista hasta el punto de cambiar su dignidad por ello.

Es aún peor cuando se tratan de bienes de primera necesidad, como la leche, jabón o shampoo, en donde las personas se ven obligadas a pasar horas en una cola, sólo por la necesidad de comprarle pañales o leche a su bebé. Cambian su dignidad no porque quieran, sino por pura necesidad.

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Caos en frente de Daka. Fotografía tomada el día 28 de Noviembre del 2014.

El hombre materialista.

En Venezuela no existe el capitalismo, la empresa privada esta casi extinta y la escasez de bienes es impresionante. Pero no conozco a un hombre más materialista que el venezolano, no por vanidoso, sino porque su vida se centra las 24 horas del día, los siete días de la semana, en algo material.

Las conversaciones comunes del día a día se tratan de lo que se consigue o no se consigue, de que si el dinero alcanza o no alcanza, de la inflación, de la devaluación, de la gasolina, y pare de contar. Tal cual una obsesión colectiva.

Repasemos nuevamente el argumento de los críticos del capitalismo, en cuanto al hombre materialista: “está mal porque tu vida girará entorno a cosas materiales, harás cualquier cosa por ellas y dejarás de valorar las buenas cosas que no se compran con dinero”. Lo cierto es que, en una sociedad en donde exista una economía de libre mercado, y por ende exista el capitalismo, el hombre al menos tendrá otras cosas en qué pensar salvo en bienes materiales.

Análisis histórico del Programa Nuclear de Irán y panorama actual

Nadie imaginaba lo que se podía obtener de la simple manipulación de un átomo, posiblemente tampoco lo imaginaron los primeros científicos que empezaron a jugar con los efectos radioactivos a finales del siglo XIX. Pero lo cierto es que poco a poco la humanidad ha ido asimilando la gran cantidad de usos, que para bien o para mal, se puede obtener de la energía nuclear.

Después de casi todo un siglo en que el mundo ha tenido la oportunidad de ahondar más en el desarrollo de la energía nuclear, los resultados que se han obtenido de ella han sido extremadamente beneficiosos o increíblemente catastróficos, pero nunca nada en el medio del espectro.

Generar suficiente energía eléctrica para mantener a un país funcionando sin la necesidad de utilizar combustibles fósiles o petróleo es algo bastante atractivo, y como si no fuera poco, a sabiendas de que una cantidad muy pequeña de uranio (combustible principal) puede representar un costo del 20% en relación a la energía que se va a generar, vuelve la idea más atractiva aun.  Adicionalmente el uso de energía nuclear se reduce los gases contaminantes ya que evade el uso completo de combustibles fósiles,  por lo que de una forma u otra, la energía nuclear contribuye a la ecológicamente al planeta (si no ocurren accidentes, claro).

Pero como el espectro muestra dos caras, una muy buena y otra muy mala, no podemos ver la realidad obviando la que no queremos ver, y es que la energía nuclear también ha causado desastres catastróficos cuyas secuelas radioactivas hacen que la recuperación del desastre sea aún más difícil. Muchos ya habrán escuchado hablar de Chernóbil y Fukushima, que sólo fueron catástrofes accidentales, pero el gran mensaje que dejaron las bombas de Hiroshima y Nagazaki, es que la energía nuclear también puede ser usada con fines bélicos, es decir, para hacer el mal de forma intencionada.

Es por esta razón que muchos países en el mundo han suscrito tratados como el de la No Proliferación de Armas Nucleares (Nuclear Non-Proliferation Treaty  NPT), y a su vez la ONU como Organización Intergubernamental se basa en la rendición de cuentas que genera la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), para hacer seguimiento de todos aquellos países que desarrollan energía nuclear, independientemente de cuales sean sus respectivos fines.

En teoría son un grupo reducido de países los que tienen permitido poseer armas nucleares, y esto se debe a que ya habían realizado un ensayo nuclear antes suscribir el NPT. Estos países son E.E.U.U., Reino Unido, Francia, Rusia y China, los mismos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero en la práctica existen otros países que desarrollan tecnología nuclear y que no han firmado este tratado nunca jamás.

Lo cierto es que en el panorama mundial actual y de hace unos cuantos años, tener energía nuclear es sinónimo de posicionamiento internacional y poder. Un gobernante que apuesta por la energía nuclear, no sólo podría garantizar beneficios energéticos increíbles a tu población, sino que también estaría posicionado en el contexto bélico a su nación para ofender o defenderse de la manera más fuerte, en caso de que fuese necesario. Si yo fuese un gobernante estatista, consideraría apostar por la energía nuclear para mi país sin duda alguna.

Análisis histórico del Programa Nuclear de Irán.

El último Shah de Irán fue un gobernante con esa visión, independientemente de cuáles fueron sus fines con la energía nuclear para la década de los 50, el Programa Nuclear de Irán contó con el apoyo de Estados Unidos en aquel momento, como parte del programa “Átomos por la paz”. Posteriormente en la década de los 70, Irán y Estados Unidos ya tenían un programa llamado U.S. – Irán Nuclear Cooperation, que más tarde les permitiría compra una facilidad para la extracción de plutonio, el cual desde luego les permitió manejar grandes cantidades de este material para finales de la década.

Suena muy extraño asimilar este hecho a sabiendas de que el Programa Nuclear de Irán ha sido fuertemente atacado por Estados Unidos en los últimos años. Si observamos los hechos históricos, entenderemos que fue un suceso en específico el que redefinió la historia de este Plan Nuclear (y quién sabe si sus fines también). Fue la Revolución Iraní y la caída de la monarquía del Shah en 1979, lo que causó que Estados Unidos y muchos otros países como Francia le dieron la espalda a este Plan Nuclear,  con una posición que conservarían hasta la actualidad. Entonces nace la gran pregunta ¿qué salió mal?,

El cambio en el panorama de ideas políticas que provocó la Revolución de 1979, fue lo que salió mal.

Si bien es cierto que Mohamad Reza Pahlavi, el último Shah de Irán se caracterizaba por mantener un régimen totalitario, que atraía mucho descontento popular, su reinado de corte laico parecía no tener problema alguno con Occidente, lo que indicaba que el Programa Nuclear realmente podía ser usado para fines energéticos. Mientras que el Ayatollah Khomeini, quien lideró la Revolución Iraní del 79 y fundó el Estado Islámico de Irán, estableció una serie de reformas políticas que se basaban en instaurar la Sharía (Ley Islámica), y detener la occidentalización que ya se había dado en el país.

El Ayatollah quiso detener la occidentalización en Irán en todos los aspectos, salvo en el ámbito nuclear. Quizás esto haya una de las pocas cosas que el Sha y el Ayatollah Khomeini tendrían en común, puesto que los planes de continuar con el Programa siempre se mantuvieron en pie a pesar de la Revolución, solo que ahora ante los ojos de Occidente, brindar el apoyo nuclear a Irán podría ser tan riesgoso como presenciar los resultados del espectro negativo del armamento nuclear.

Seguramente el hábil lector se preguntará, y ¿qué tiene que ver la detención de la occidentalización en un país con la utilización de tecnología nuclear para fines armamentísticos?, En teoría nada, de hecho si tomamos el término Occidente como sinónimo de desarrollo, esta premisa sería contradictoria. No obstante, en el caso de Irán la historia ha comprobado que al alejarse de Occidente y centrarse en un ideología fundamentalista, han adquirido intereses políticos que pretenden alcanzar por medio del uso sistemático de la violencia.

Es un hecho fehaciente que la organización política Hezbollah instalada en el Líbano, recibe financiamiento y armamento del gobierno de Irán. Además de ser una organización política, Hezbollah también posee un brazo armado al cual se le atribuyen atentados terroristas realizados en Argentina, como si no fuera poco, investigaciones de grupos de inteligencia aseveran que la red de Hezbollah tiene un alcance internacional, la cual guarda relación con guerrillas armadas y cárteles de droga.  Con esto no pretendo insinuar nada, sino mostrarlo como una evidencia de los medios por los cuales el gobierno de Irán obtiene sus fines.

Ahora bien, a pesar del apoyo casi inexistente con el que contó Irán para ejecutar su Programa, y las dificultades que la Guerra del Golfo representó para el país al finalizar la década de los 80, estos eventualmente continuaron con su plan rindiéndole cuentas a la AIEA.

Panorama Actual. 

Para el año 2009 uno de los principales contribuyentes de este Programa fue Venezuela, anunciado por el mismo Hugo Chávez, a lo que muchas reportes sugerían que esta alianza estratégica ayudaba a Irán a obtener uranio, evadiendo las sanciones económicas que Estados Unidos había impuesto previamente. En el año 2011, uno de los informes de la AIEA mostraba que Irán había adquirido información sobre cómo metalizar el uranio para fabricar una bomba atómica, lo que generó sanciones por parte de Estados Unidos y diversos organismos internacionales.

A pesar de las sanciones e inspecciones de la AIEA, hace dos días Rusia anunció la construcción de ocho reactores nucleares en Teherán –noticia que motivó la redacción de este artículo-. La noticia de BBC resaltaba que el proyecto generará reportes de las inspecciones de la Agencia, lo cual no debería significa mucho motivo de tranquilidad para la Occidente.

Solo el tiempo nos dirá si los pronósticos negativos de E.E.U.U tuvieron la razón, o si siempre hemos juzgado mal a Irán, pero sólo observando la historia y la magnitud de lo que significa desarrollar tecnología nuclear, pareciera muy simple encajar las piezas del rompecabezas.

Lo cierto es que mientras pasa el tiempo, es cada es más evidente que las sanciones por medio de organismos internacionales no serán un método efectivo para detener los aparentes fines negativos que este Programa Nuclear pueda tener.

El problema de estos métodos diplomáticos para sancionar países, es que fueron creados por naciones que se rigen bajo un imperio de ley en el seno de un organismo intergubernamental, por lo tanto esperan que todos los demás países en el mundo se rijan bajo las mismas implicaciones. Esperan que un castigo por romper un acuerdo contractual pueda reivindicar al mismo, pero todo esto resulta en vano, porque en un país en donde no hay diferencia entre ley, religión y política, no se le puede dar un tratamiento a los acuerdos bajo los medios de la razón. Con este argumento no justifico que se deban utilizar métodos coercitivos como la guerra o la violencia sistemática en su lugar, pero si pretendo evidenciar la inutilidad que los Organismos Internacionales cuando se trata de mediar en conflictos tan complejos.

Deformaciones morales del venezolano promedio.

Del lugar de donde vengo, estamos acostumbrados a ver personas y niños pobres en las calles pidiendo dinero todos los días, es algo tan común, que  la mayoría de la gente ha dejado de preocuparse por el tema, han perdido la capacidad de asombro e incluso, consideran que darles dinero es algo malo ya que terminamos contribuyendo más a su pobreza.

Hace poco estaba entrando en una farmacia de mi ciudad, y en la entrada me encuentro a una mamá con su hijo, ambos con muy mal aspecto pedían dinero, a lo que mucha gente les ignoraba. Cuando me tocó pasar a mí, la mama con cara de desesperación me pidió que le ayudara a comprar una mezcla de cereal procesado para alimentar a su niño, debo admitir que me rompió el corazón, porque después de todo ella no me estaba pidiendo dinero, sólo me estaba pidiendo alimento, de forma directa y tangible.

Una vez en la farmacia y después de varias dudas, compré el alimento el cuál le entregué al salir. Pero para mi sorpresa la cara de la mujer cambió al entregarle el cereal en cuestión, su semblante de desespero pasó a ser uno de vileza, como si todo hubiese sido un juego y ella me hubiese ganado, aun así me dio las gracias con una gran sonrisa pícara en la cara.

Luego de eso no pude evitar pensar en esa reacción, por lo que llegaron muchas preguntas a mi mente: ¿Realmente necesitaba alimentar a su hijo?, ¿me habrá manipulado?, ¿y si sólo quiere revender ese cereal? (lo cual es una práctica muy común aquí), ¿Habré hecho mal al comprárselo?  En lugar de sentir que ayudé a alguien, sentí que se aprovecharon de mí. Entonces concluí que no era mi problema lo que ella haría con el alimento y decidí que debía  parar con las preguntas.  Instantáneamente me sorprendí cuando asimilé todos los juicios que yo misma había ejercido sobre la mujer e incluso sobre mi misma, por haber hecho lo que mi instinto me dijo que hiciera en ese momento.

Independientemente de si hice bien o mal a la mujer, de si contribuí o no a su pobreza, debo reconocer que lo que quise hacer como un acto de caridad terminó siendo para mí un acto de juicio, y me asombré sobre cómo es que cada vez nos cuesta confiar en otra persona porque vemos el oportunismo en todos lados.

He escuchado millones de veces que el gran problema que vivimos se debe a nuestra cultura, pero considero que atribuirle la causa a esta variable es ver el problema desde la perspectiva errada, puesto que la cultura que hoy tenemos no es una causa sino una consecuencia de lo que hemos tenido, o mejor dicho, de lo que nunca hemos tenido como el estado de derecho, y de lo que estamos dejando de tener, como la propiedad privada.

En carencia de estas dos vertientes esenciales, emergerá el oportunismo del superviviente más fuerte, así como los animales de la selva. De ello nacerá una cultura de oportunismo que todos repudiaremos y juzgaremos, pero que lamentablemente no seremos capaces de cambiar porque siempre la veremos como una causa y continuaremos ignorando a la verdadera y legítima.

Si no nos hubiese faltado el estado de derecho y la propiedad privada, posiblemente hoy no tendríamos prejuicios sobre si los demás se aprovechan de nosotros o no, porque no existiría gente que quisiera aprovecharse. Pero de lo que si estoy segura, es que la pobreza no abundaría en las calles porque en lugar de estar en un entorno en donde se luchar por sobrevivir como en una selva, estaríamos en uno de mayor cooperación mutua, en donde existe un respeto por los acuerdos contractuales, las leyes y la propiedad privada.

Antiguo ensayo sobre el petróleo y la política Venezolana.

La cura.

Autor: Voltairine de Cleyre.

“El control de la producción total de riqueza,  es el control de la vida humana misma”- Hilaire Belloc

“El monetarismo del Banco Central de Venezuela apunta al descalabro de la clase media” – “Movimiento de Economistas Críticos” – El Nacional (1983)

Este trabajo fue realizado en el mes de Octubre del año 2013. 

Quizás la única solución en la mente de  muchos venezolanos para los problemas económicos se encuentra en la salida del actual gobierno, pero no puedo evitar cuestionarme si ésta es la verdadera y la única por sobre todas las demás. Lo que hace cincuenta años se consideraba como “La Venezuela Saudita” es hoy un país que lucha contra una inflación anual mayor al 20%[1], cuya economía solo ha estado acompañada de un sin fin de políticas monetarias y fiscales que no sólo dificultan la prosperidad de los venezolanos, sino que actúan como los principales fabricantes de miseria[2].

El profesor Hugo Faría en uno de sus estudios[3], describe a la economía venezolana en dos fases, la primera de ella va desde el año 1920 hasta 1957, lo que llama un “crecimiento milagroso”, y la segunda que va desde 1958 hasta 2006 (año del estudio), en donde concluye que el país se dirigió a un modelo socialista y mercantilista a la vez, cuya persistencia ha causado un efecto indudablemente negativo en el mercado. De hecho, el mismo Faría con el profesor Carlos Sabino en su obra sobre la inflación[4], afirman que en Venezuela a mediados de los setenta, se empezó a propagar aquella enfermedad económica “como nunca el país había visto”, luego de haber gozado una estabilidad de precios durante las pasadas décadas. Si todo parecía ir bien, entonces ¿Qué salió mal?, ¿Podría un cambio de presidente revertir esto?

El hecho trascendental.

Desde 1943 se hablaba de una nacionalización del petróleo, pero esto no se hizo factible hasta el primer mandato de Carlos Andrés Pérez en 1975[5]. A pesar de que en ese momento se dejaron posibilidades abiertas para convenios privados en el futuro, los hechos históricos prueban que esta nacionalización petrolera fue el inicio de una economía de planificación central, y de una inevitable tendencia a la monopolización estatal de los recursos naturales. Para los que piensan que no hay nada malo con un monopolio de estado, Friedrich Hayek aclara; “El mecanismo del monopolio se identifica con el mecanismo de estado, y el propósito del estado se identifica más  y más con los intereses de quienes manejan las cosas y menos con los del pueblo general[6], es decir, que los últimos en verse realmente “beneficiados” de esta nacionalización serían los mismos venezolanos. De hecho, la evidencia revela que fue esta estatización del petróleo, la principal arma de populismo utilizada por nuestros gobernantes, invalidando automáticamente al libre mercado, y lisiando al pueblo venezolano de muchas generaciones de riquezas, crecimiento económico y desarrollo.

Siendo el petróleo el mayor bien nacional de exportación, no es un secreto que la riqueza en Venezuela dependa de las decisiones del Banco Central (BCV), a cuenta de las ganancias reportadas por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)[7], las cuales a su vez, están sujetas a las medidas establecidas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)[8]. He allí pues, la magnitud de la burocracia existente en la principal dinámica económica del país.

Venezuela, del intervencionismo a la servidumbre.

El Fraser Institute dentro de su estudio anual sobre libertad económica en el mundo[9], toma en cuenta indicadores sobre el tamaño de gobierno, sistema legal y derechos de propiedad, crecimiento del dinero, libertad para el comercio internacional y regulaciones. En el caso de Venezuela, la tendencia indica a una reducción de libertad económica desde 1970 hasta 2011, empezando con 7.31 puntos hasta finalizar con 3.74, lo cual equivale a casi la mitad de la calificación inicial. Asimismo en el índice de posición global del 2011, Venezuela se ubicó en el último puesto de los 152 países que son evaluados dentro de este estudio[10], sin duda un escenario muy poco prometedor, y muy poco sorprendente también, observando el comportamiento de la economía venezolana de los últimos cuarenta años.

Con la nacionalización del petróleo a mediados de los setenta, Faría explica que a pesar de las ganancias fiscales causadas por éste boom, el gobierno alborotó una gran deuda cuyo fin fue financiar a las nuevas compañías del estado[11], y fue a partir de este momento que los venezolanos comenzamos a pagar por las consecuencias de las malas decisiones de nuestros gobernantes de turno, por ello vale la pena citar al Prof. Alberto Benegas Lynch quién afirma que “la deuda pública es completamente incompatible con la libertad”[12], puesto que su premisa se vería reflejada en el país durante los siguientes años.

Para inicios de los ochenta, ya se veía una inflación de 21.6%, un control de precios y además, una deuda externa en crecimiento. El Prof. Luis José Silva Luongo alega que en aquella época “ya estaba claro que el gobierno nacional (a la cabeza de Luis Herrera Campins), no obstante el valor de las exportaciones petroleras, no podía rebajar la deuda heredada[13], desencadenando así un evento que todos los venezolanos recuerdan como el viernes negro (1983), aquella abrupta devaluación de la moneda frente al dólar gracias al debilitamiento del mercado petrolero y la gran deuda acumulada, su resultado fue una intervención de las divisas con el control cambiario, con el fin de evitar la fuga de las mismas al exterior.

En 1988 la inflación había alcanzado un 29.5%, y a raíz de esto el presidente Carlos Andrés Pérez, en el arribo de su segundo mandato al siguiente año, propuso una serie de medidas económicas como las de liberalizar tasas de interés, flexibilizar el sistema cambiario, reducir la política arancelaria y el gasto público, y –entre otras- aumentar el precio de la gasolina[14], pero esta última fue todo un sacrilegio para el pueblo, quien en su conciencia colectiva ya suponía que el petróleo era un bien nacional y por ende el aumento que se reflejaba en los pasajes de los transportes era inconcebible, desencadenando “el caracazo”, otro evento amargo en la historia venezolana del siglo XX.

La década de los noventa comenzó con el debilitamiento del mercado petrolero y todo el déficit presupuestario que le antecedía a ello, resultado fehaciente del intervencionismo de años anteriores, pese a esto la solución fue irónicamente tratar el problema interviniendo más, con la apertura de nuevas leyes y más políticas fiscales. Luego de los primeros cinco años de una economía truncada, se da bajo el segundo mandato de Rafael Caldera, una apertura petrolera, en donde se permitió la entrada de empresas privadas extranjeras para desarrollar nuevamente esta área, fue ciertamente algo positivo para la expansión de la producción de hidrocarburos, aunque esto ya no sería suficiente para librar al país de las catastróficas secuelas del pasado, pues en 1996 la inflación subió a un 103.9% y con la gran caída de los precios del petróleo más tarde en 1998, el sector privado de producción sólo se contrajo aún más, (considerando que éstos indicadores ya había decrecido a niveles negativos desde 1995)[15].

A inicios del siglo XXI, bajo el mandato de Hugo Chávez Frías, un paro de PDVSA  fue suficiente para paralizar al país en 2002, sin embargo tras la nueva organización directiva (menos opositora y más aliada al estatismo)[16], la compañía fue utilizada como principal instrumento para el populismo bajo la condición de “Petróleo para el pueblo”[17], y a través de esto se asignaron recursos para las misiones sociales,  “petro-casas”, y otras regalías que redujeron artificialmente los índices de pobreza y planificaron la vida de sus beneficiarios. Hayek explicaba que “Las esperanzas que en la planificación ponen no son una visión amplia de la sociedad, sino más bien una limitada”[18], debido a los impedimentos que el poderío económico estatal, impone al individuo en contra del desarrollo de su propia riqueza. El mismo Hayek advertía que el poder económico centralizado “crea un grado de dependencia que apenas se distingue de la esclavitud”[19], es así como la capacidad para prosperar del venezolano pobre se ve lesionada, incapaz de ver más allá, empieza a caer en una completa sumisión. Adicionalmente, están las devaluaciones monetarias que disparan inflación, seguida de absurdas políticas de regulación de precios, Mises predijo acertadamente la situación de Venezuela al explicar que “quienes han vivido épocas de guerra o de inflación, bien saben en qué pararon los innumerables intentos gubernamentales de fijación de precios (escasez y desabastecimiento)”[20]. Cualquier venezolano puede afirmarle lo engorroso que es conseguir un producto de primera necesidad bajo la escasez actual, éste también puede hablarle sobre todas las regulaciones que hay para las empresas privadas, lo difícil que es obtener divisas, la aventura que implica adquirir un carro nuevo, las numerosas políticas fiscales, los constantes racionamientos de los servicios públicos, y pare de contar.

Todo esto concluye en una sola cosa, Venezuela ha pasado del intervencionismo a la servidumbre de la que Hayek tanto nos alertó, siendo el petróleo el principal pretexto del estado.

La culpa no es del petróleo.

Muchos pensadores venezolanos le han dado connotaciones negativas al petróleo, el Dr. Juan Pablo Pérez Alfonso se refería a éste como “el excremento del diablo”[21], y el escritor Arturo Uslar Pietri nos advertía que muy probablemente llegará el día en que Venezuela será recordada como que “Colón la descubrió, Bolívar la liberó y el petróleo la pudrió[22], sin duda alguna, estos pensadores con el poder de sus ideas han logrado influenciar desfavorablemente a la creencia de los individuos, y en este sentido Silva Luongo describe “…y los venezolanos a quienes realmente les duele una mentalidad rentista y la vida fácil proporcionada por una riqueza no trabajada como la del petróleo”[23]. Sin embargo culpar a un recurso natural de todos nuestros males, es una excusa muy sosa, de hecho es tener una perspectiva errada de la realidad.

Sin ningún ánimo de desacreditar a los pensadores citados, permítame aclararle, estimado lector, que el petróleo no ha sido una maldición dándonos riqueza fácil, fue el estado quién decidió hacer de él una riqueza fácil, al nacionalizarlo y usarlo como medio para hacer promesas incumplidas. Ahora somos los individuos quienes por medios coercitivos, pagamos las consecuencias que esto supone. Tener Petróleo en eso que llamamos Venezuela no es una maldición, sino una bendición.

La perversa retórica del nacionalismo. 

El novelista Rufino Blanco Fombona, en su obra “La Bella y la Fiera” narró el escenario de explotación a los trabajadores venezolanos por parte de empresarios internacionales[24], quizás éste fue el inicio de toda una era de repudio hacia aquellos “gringos capitalistas”, el mismo Dr. Juan Pablo Pérez Alfonso hablaba de una “visión nacionalista de la política petrolera del siglo XX[25], exigiendo más intervención del estado sobre este recurso natural, pero quizás todo esto sólo fue una falacia. Cuando de nacionalismo se trata, los gobernantes pueden hacer de su concepto algo muy abstracto, el pensar que “ningún extranjero debe tomar nuestro petróleo” no implica un concepto real de nacionalismo, sino una perversa retórica creada por nuestros gobernantes, que está muy alejada de la realidad. El abogado Axel Kaiser habla en uno de sus libros, sobre cómo algunos políticos han envenenado el lenguaje trasmitido a las masas, con el fin de transformar ideas, y habla del discurso político ideológico como un proceso mediante el cual  “las personas, sin darse cuenta, modifican su comprensión del mundo y por tanto su opinión del mundo. Dicho de otra forma, sus cerebros son lavados[26]”. Entonces, ¿Nos han lavado el cerebro sin darnos cuenta?

Para entender un concepto libre de romanticismos, el economista Jesús Huerta de Soto analiza la teoría sobre el nacionalismo liberal, haciendo una diferencia muy marcada entre el nacionalismo y el nacionalsocialismo, este último muy usado por los políticos bajo el otro nombre. Define una nación como un “orden espontáneo, nido de interacciones humanas”, y remarca la necesaria libertad de comercio entre naciones como uno de los principios básicos[27]. Esto supone la incompatibilidad existente entre la estatización de un recurso natural (con las restricciones económicas que la acompañan), y el concepto objetivo de nacionalismo interpretado por Huerta de Soto. En efecto, la estatización de un recurso natural bajo un pretexto “nacionalista”, más bien guarda mucha consonancia con la teoría del discurso político ideológico que Kaiser plantea.

Estatizar un recurso natural para mantenerlo alejado de las empresas privadas extranjeras no es nacionalismo, es nacionalsocialismo, envidia y hasta un complejo de inferioridad. No en vano, el escritor Guillermo Rodríguez González legitima a la envidia como axioma moral para el socialismo[28].

Si el petróleo es un “bien nacional”, entonces no tendría nada de malo querer lo mejor para éste, es decir, confiarle bajo parámetros justos su extracción y refinación a una empresa privada de alta tecnología, la cual pueda mostrarle un poco de desarrollo al país e incentivarlo a prosperar. No a una empresa del estado que registraría 30 derrames petroleros[29], una explosión y un incendio en dos de sus refinerías dentro de un período de siete años [30], y que además, sería un instrumento privativo de libertad económica. Respecto a la diferencia que se plantea entre la gestión de una empresa privada y una estatal, Mises explicaba que una vez que una propiedad ha sido socializada “los sujetos económicos dejan de operar en busca del benficio… limitándose a seguir ineludibles instrucciones administrativas” y luego demostraba que “es el capitalismo el padre de la tecnología, no a la inversa”[31], de nuevo la apreciación de Mises no falló. Dicho esto, ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar para que el estado garantice que el petróleo sea “nuestro”?

Una cura para Venezuela.

En Venezuela siempre se han puesto muchísimas expectativas en los gobernantes, lo cual ha sido igual a una carga autodestructiva. Porque a través de esas expectativas nace el pretexto de intervencionismo y populismo por parte del estado, más aún teniendo bajo su control un recurso como el petróleo.

La verdadera cura para nuestra economía es convertir al petróleo (y todos los demás recursos estatizados) en un bien privado, esto invalidará el populismo estatal, así como todas sus regulaciones, fomentaría la competencia con el desarrollo empresarial, desmembrará una gran parte de la corrupción y posteriormente daría apertura al inicio de una hermosa economía de libre mercado. Pero para que esto ocurra, el mundo de las ideas en Venezuela tiene que cambiar, se trata de liberarnos de esas falsedades heredadas y dejar a un lado las expectativas del gobierno benefactor. En lugar de anhelar a un “mecías salvador”, debemos procurar conseguir un estado de derecho y una mayor libertad económica. No es fácil, no ocurriría de la noche a la mañana, pero la concientización es el primer paso, y sin duda eso es lo que revertiría poco a poco la compleja situación proveniente de las últimas décadas, así, incluso los más pobres podrán prosperar bajo sus propios medios y virtudes. Con mucha razón Milton Friedman creía en la libertad económica como agente principal del desarrollo y de la superación de la pobreza[32].

Si luego de leer este ensayo usted aún tiene renuencia y escepticismo hacia la privatización, permítame resaltar como en Reino Unido fue posible la privatización de recursos naturales anteriormente nacionalizados, con Margareth Tatcher como primera ministra, impulsando la economía británica contra muchos pronósticos[33].

La economía venezolana en las últimas décadas, no ha crecido de forma sostenible, por el contrario, ha decrecido de forma sostenible. Dicho esto, le pregunto estimado lector, ¿no cree usted que es momento de tomar una nueva dirección.

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[1] Informe económico del Banco Central de Venezuela. En: www.bcv.org.ve

[2] Plinio A. Mendoza, Carlos A. Montaner, Alvaro Vargas Llosa, Fabricantes de miseria, 1998.

[3] Hugo J. Faría, Hugo Chavez against the Backdrop of Venezuelan Economic and Political History. En:  http://www.independent.org/pdf/tir/tir_12_04_2_faria.pdf

[4] Hugo J. Faría, Carlos Sabino, La inflación, qué es y cómo eliminarla. En: http://paginas.ufm.edu/sabino/word/inflacion.pdf

[5]  Petróleos de Venezuela S.A. De la privatización a la nacionalización de la industria petrolera en Venezuela. En: www.pdvsa.com

[6] Friedrich Hayek, Caminos de Servidumbre. Ciencia Política Alianza Editorial, p. 241.

[7]  Ver: BCV, ¿Qué son las reservas internacionales? ,  http://www.bcv.org.ve/reservas/reservas.htm

[8]La OPEP es un organismo intergubernamental que busca la unificación  de las políticas del crudo, implícitamente anulando el orden espontáneo que la competencia de libre mercado ofrece.

[9] Fraser Institute. Informe anual de libertad económica en el mundo. 2013. En: www.fraserinstitute.org

[10] Ibíd., p. 2-28.

[11] Hugo J. Faría, Hugo Chavez against the Backdrop of Venezuelan Economic and Political History, p. 5.

[12] Alberto Benegas Lynch, ¿Qué es liberalismo?,  Universidad Francisco Marroquín 2011. En: http://www.youtube.com/watch?v=51S2ZHnrhY0

[13] Luis José Silva Luongo, De Herrera Campins a Chávez, Editorial Alfa 2007, p. 48-50.

[14] Ibíd., p. 220-255.

[15] Ibíd., p. 416-492.

[16] PDVSA. El sabotaje contra la industria petrolera nacional. En: www.pdvsa.com

[17] Ver: Petroleo para el pueblo, http://www.pdvsa.com/index.php?tpl=interface.sp/design/readmenuprinc2.tpl.html&newsid_temas=38

[18] Friedrich Hayek, Caminos de Servidumbre,  Ciencia Política Alianza Editorial, p. 87.

[19] Ibíd., p,183.

[20] Ludwig Von Mises, Liberalismo, Planeta-Agostini, p. 104.

[21] Ver: http://www.bcv.org.ve/c1/Publicaciones.asp?Codigo=9744&Operacion=2&Sec=False

[22]  Ver: http://www.eluniversal.com/2007/10/22/opi_art_constitucion-pueblo_533790

[23] Luis José Silva Luongo, De Herrera Campins a Chávez. Editorial Alfa 2007, p. 253.

[24] Ver: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/15833/2/capitulo4.pdf

[25] Juan Pablo Pérez Alfonso, Una visión nacionalista de la política petrolera del siglo X, En: www.pdvsa.com

[26] Axel Kaiser, La fatal ignorancia, editorial Instituto Democracia y Mercado 2012,  p. 40.

[27] Jesus Huerta de Soto. Teoría del nacionalismo Liberal. En:  www.jesushuertadesoto.com

[28] Guillermo Rodríguez González. Libres de envidia. En: www.caminosdelibertad.com

[29] El Diario La Verdad registró 30 derrames de petróleo por parte de PDVSA de 2005 a 2012. Ver: http://www.laverdad.com/economia/8951-doce-derrames-de-petroleo-lleva-pdvsa-en-2012.html

[30] Por la fecha de publicación del artículo anterior, no se reportó la explosión en la refinería de Amuay ni el incendio de la refinería El Palito.

[31] Ludwig Von Mises. Liberalismo. Planeta-Agostini, p. 86-113.

[32] Milton Friedman, José Piñera, Sergio de Castro, Axel Kaiser, Jaime Bellolio, Angel Soto, Un legado de libertad, Milton Friedman en Chile, Fundación para el Progreso 2012, p. 9.

[33] Ver: Privatization in the United Kingdom under Tatcher’s Government, San Jose State University,  http://www.sjsu.edu/faculty/watkins/privUK.htm