Antiguo ensayo sobre el petróleo y la política Venezolana.

La cura.

Autor: Voltairine de Cleyre.

“El control de la producción total de riqueza,  es el control de la vida humana misma”- Hilaire Belloc

“El monetarismo del Banco Central de Venezuela apunta al descalabro de la clase media” – “Movimiento de Economistas Críticos” – El Nacional (1983)

Este trabajo fue realizado en el mes de Octubre del año 2013. 

Quizás la única solución en la mente de  muchos venezolanos para los problemas económicos se encuentra en la salida del actual gobierno, pero no puedo evitar cuestionarme si ésta es la verdadera y la única por sobre todas las demás. Lo que hace cincuenta años se consideraba como “La Venezuela Saudita” es hoy un país que lucha contra una inflación anual mayor al 20%[1], cuya economía solo ha estado acompañada de un sin fin de políticas monetarias y fiscales que no sólo dificultan la prosperidad de los venezolanos, sino que actúan como los principales fabricantes de miseria[2].

El profesor Hugo Faría en uno de sus estudios[3], describe a la economía venezolana en dos fases, la primera de ella va desde el año 1920 hasta 1957, lo que llama un “crecimiento milagroso”, y la segunda que va desde 1958 hasta 2006 (año del estudio), en donde concluye que el país se dirigió a un modelo socialista y mercantilista a la vez, cuya persistencia ha causado un efecto indudablemente negativo en el mercado. De hecho, el mismo Faría con el profesor Carlos Sabino en su obra sobre la inflación[4], afirman que en Venezuela a mediados de los setenta, se empezó a propagar aquella enfermedad económica “como nunca el país había visto”, luego de haber gozado una estabilidad de precios durante las pasadas décadas. Si todo parecía ir bien, entonces ¿Qué salió mal?, ¿Podría un cambio de presidente revertir esto?

El hecho trascendental.

Desde 1943 se hablaba de una nacionalización del petróleo, pero esto no se hizo factible hasta el primer mandato de Carlos Andrés Pérez en 1975[5]. A pesar de que en ese momento se dejaron posibilidades abiertas para convenios privados en el futuro, los hechos históricos prueban que esta nacionalización petrolera fue el inicio de una economía de planificación central, y de una inevitable tendencia a la monopolización estatal de los recursos naturales. Para los que piensan que no hay nada malo con un monopolio de estado, Friedrich Hayek aclara; “El mecanismo del monopolio se identifica con el mecanismo de estado, y el propósito del estado se identifica más  y más con los intereses de quienes manejan las cosas y menos con los del pueblo general[6], es decir, que los últimos en verse realmente “beneficiados” de esta nacionalización serían los mismos venezolanos. De hecho, la evidencia revela que fue esta estatización del petróleo, la principal arma de populismo utilizada por nuestros gobernantes, invalidando automáticamente al libre mercado, y lisiando al pueblo venezolano de muchas generaciones de riquezas, crecimiento económico y desarrollo.

Siendo el petróleo el mayor bien nacional de exportación, no es un secreto que la riqueza en Venezuela dependa de las decisiones del Banco Central (BCV), a cuenta de las ganancias reportadas por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)[7], las cuales a su vez, están sujetas a las medidas establecidas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)[8]. He allí pues, la magnitud de la burocracia existente en la principal dinámica económica del país.

Venezuela, del intervencionismo a la servidumbre.

El Fraser Institute dentro de su estudio anual sobre libertad económica en el mundo[9], toma en cuenta indicadores sobre el tamaño de gobierno, sistema legal y derechos de propiedad, crecimiento del dinero, libertad para el comercio internacional y regulaciones. En el caso de Venezuela, la tendencia indica a una reducción de libertad económica desde 1970 hasta 2011, empezando con 7.31 puntos hasta finalizar con 3.74, lo cual equivale a casi la mitad de la calificación inicial. Asimismo en el índice de posición global del 2011, Venezuela se ubicó en el último puesto de los 152 países que son evaluados dentro de este estudio[10], sin duda un escenario muy poco prometedor, y muy poco sorprendente también, observando el comportamiento de la economía venezolana de los últimos cuarenta años.

Con la nacionalización del petróleo a mediados de los setenta, Faría explica que a pesar de las ganancias fiscales causadas por éste boom, el gobierno alborotó una gran deuda cuyo fin fue financiar a las nuevas compañías del estado[11], y fue a partir de este momento que los venezolanos comenzamos a pagar por las consecuencias de las malas decisiones de nuestros gobernantes de turno, por ello vale la pena citar al Prof. Alberto Benegas Lynch quién afirma que “la deuda pública es completamente incompatible con la libertad”[12], puesto que su premisa se vería reflejada en el país durante los siguientes años.

Para inicios de los ochenta, ya se veía una inflación de 21.6%, un control de precios y además, una deuda externa en crecimiento. El Prof. Luis José Silva Luongo alega que en aquella época “ya estaba claro que el gobierno nacional (a la cabeza de Luis Herrera Campins), no obstante el valor de las exportaciones petroleras, no podía rebajar la deuda heredada[13], desencadenando así un evento que todos los venezolanos recuerdan como el viernes negro (1983), aquella abrupta devaluación de la moneda frente al dólar gracias al debilitamiento del mercado petrolero y la gran deuda acumulada, su resultado fue una intervención de las divisas con el control cambiario, con el fin de evitar la fuga de las mismas al exterior.

En 1988 la inflación había alcanzado un 29.5%, y a raíz de esto el presidente Carlos Andrés Pérez, en el arribo de su segundo mandato al siguiente año, propuso una serie de medidas económicas como las de liberalizar tasas de interés, flexibilizar el sistema cambiario, reducir la política arancelaria y el gasto público, y –entre otras- aumentar el precio de la gasolina[14], pero esta última fue todo un sacrilegio para el pueblo, quien en su conciencia colectiva ya suponía que el petróleo era un bien nacional y por ende el aumento que se reflejaba en los pasajes de los transportes era inconcebible, desencadenando “el caracazo”, otro evento amargo en la historia venezolana del siglo XX.

La década de los noventa comenzó con el debilitamiento del mercado petrolero y todo el déficit presupuestario que le antecedía a ello, resultado fehaciente del intervencionismo de años anteriores, pese a esto la solución fue irónicamente tratar el problema interviniendo más, con la apertura de nuevas leyes y más políticas fiscales. Luego de los primeros cinco años de una economía truncada, se da bajo el segundo mandato de Rafael Caldera, una apertura petrolera, en donde se permitió la entrada de empresas privadas extranjeras para desarrollar nuevamente esta área, fue ciertamente algo positivo para la expansión de la producción de hidrocarburos, aunque esto ya no sería suficiente para librar al país de las catastróficas secuelas del pasado, pues en 1996 la inflación subió a un 103.9% y con la gran caída de los precios del petróleo más tarde en 1998, el sector privado de producción sólo se contrajo aún más, (considerando que éstos indicadores ya había decrecido a niveles negativos desde 1995)[15].

A inicios del siglo XXI, bajo el mandato de Hugo Chávez Frías, un paro de PDVSA  fue suficiente para paralizar al país en 2002, sin embargo tras la nueva organización directiva (menos opositora y más aliada al estatismo)[16], la compañía fue utilizada como principal instrumento para el populismo bajo la condición de “Petróleo para el pueblo”[17], y a través de esto se asignaron recursos para las misiones sociales,  “petro-casas”, y otras regalías que redujeron artificialmente los índices de pobreza y planificaron la vida de sus beneficiarios. Hayek explicaba que “Las esperanzas que en la planificación ponen no son una visión amplia de la sociedad, sino más bien una limitada”[18], debido a los impedimentos que el poderío económico estatal, impone al individuo en contra del desarrollo de su propia riqueza. El mismo Hayek advertía que el poder económico centralizado “crea un grado de dependencia que apenas se distingue de la esclavitud”[19], es así como la capacidad para prosperar del venezolano pobre se ve lesionada, incapaz de ver más allá, empieza a caer en una completa sumisión. Adicionalmente, están las devaluaciones monetarias que disparan inflación, seguida de absurdas políticas de regulación de precios, Mises predijo acertadamente la situación de Venezuela al explicar que “quienes han vivido épocas de guerra o de inflación, bien saben en qué pararon los innumerables intentos gubernamentales de fijación de precios (escasez y desabastecimiento)”[20]. Cualquier venezolano puede afirmarle lo engorroso que es conseguir un producto de primera necesidad bajo la escasez actual, éste también puede hablarle sobre todas las regulaciones que hay para las empresas privadas, lo difícil que es obtener divisas, la aventura que implica adquirir un carro nuevo, las numerosas políticas fiscales, los constantes racionamientos de los servicios públicos, y pare de contar.

Todo esto concluye en una sola cosa, Venezuela ha pasado del intervencionismo a la servidumbre de la que Hayek tanto nos alertó, siendo el petróleo el principal pretexto del estado.

La culpa no es del petróleo.

Muchos pensadores venezolanos le han dado connotaciones negativas al petróleo, el Dr. Juan Pablo Pérez Alfonso se refería a éste como “el excremento del diablo”[21], y el escritor Arturo Uslar Pietri nos advertía que muy probablemente llegará el día en que Venezuela será recordada como que “Colón la descubrió, Bolívar la liberó y el petróleo la pudrió[22], sin duda alguna, estos pensadores con el poder de sus ideas han logrado influenciar desfavorablemente a la creencia de los individuos, y en este sentido Silva Luongo describe “…y los venezolanos a quienes realmente les duele una mentalidad rentista y la vida fácil proporcionada por una riqueza no trabajada como la del petróleo”[23]. Sin embargo culpar a un recurso natural de todos nuestros males, es una excusa muy sosa, de hecho es tener una perspectiva errada de la realidad.

Sin ningún ánimo de desacreditar a los pensadores citados, permítame aclararle, estimado lector, que el petróleo no ha sido una maldición dándonos riqueza fácil, fue el estado quién decidió hacer de él una riqueza fácil, al nacionalizarlo y usarlo como medio para hacer promesas incumplidas. Ahora somos los individuos quienes por medios coercitivos, pagamos las consecuencias que esto supone. Tener Petróleo en eso que llamamos Venezuela no es una maldición, sino una bendición.

La perversa retórica del nacionalismo. 

El novelista Rufino Blanco Fombona, en su obra “La Bella y la Fiera” narró el escenario de explotación a los trabajadores venezolanos por parte de empresarios internacionales[24], quizás éste fue el inicio de toda una era de repudio hacia aquellos “gringos capitalistas”, el mismo Dr. Juan Pablo Pérez Alfonso hablaba de una “visión nacionalista de la política petrolera del siglo XX[25], exigiendo más intervención del estado sobre este recurso natural, pero quizás todo esto sólo fue una falacia. Cuando de nacionalismo se trata, los gobernantes pueden hacer de su concepto algo muy abstracto, el pensar que “ningún extranjero debe tomar nuestro petróleo” no implica un concepto real de nacionalismo, sino una perversa retórica creada por nuestros gobernantes, que está muy alejada de la realidad. El abogado Axel Kaiser habla en uno de sus libros, sobre cómo algunos políticos han envenenado el lenguaje trasmitido a las masas, con el fin de transformar ideas, y habla del discurso político ideológico como un proceso mediante el cual  “las personas, sin darse cuenta, modifican su comprensión del mundo y por tanto su opinión del mundo. Dicho de otra forma, sus cerebros son lavados[26]”. Entonces, ¿Nos han lavado el cerebro sin darnos cuenta?

Para entender un concepto libre de romanticismos, el economista Jesús Huerta de Soto analiza la teoría sobre el nacionalismo liberal, haciendo una diferencia muy marcada entre el nacionalismo y el nacionalsocialismo, este último muy usado por los políticos bajo el otro nombre. Define una nación como un “orden espontáneo, nido de interacciones humanas”, y remarca la necesaria libertad de comercio entre naciones como uno de los principios básicos[27]. Esto supone la incompatibilidad existente entre la estatización de un recurso natural (con las restricciones económicas que la acompañan), y el concepto objetivo de nacionalismo interpretado por Huerta de Soto. En efecto, la estatización de un recurso natural bajo un pretexto “nacionalista”, más bien guarda mucha consonancia con la teoría del discurso político ideológico que Kaiser plantea.

Estatizar un recurso natural para mantenerlo alejado de las empresas privadas extranjeras no es nacionalismo, es nacionalsocialismo, envidia y hasta un complejo de inferioridad. No en vano, el escritor Guillermo Rodríguez González legitima a la envidia como axioma moral para el socialismo[28].

Si el petróleo es un “bien nacional”, entonces no tendría nada de malo querer lo mejor para éste, es decir, confiarle bajo parámetros justos su extracción y refinación a una empresa privada de alta tecnología, la cual pueda mostrarle un poco de desarrollo al país e incentivarlo a prosperar. No a una empresa del estado que registraría 30 derrames petroleros[29], una explosión y un incendio en dos de sus refinerías dentro de un período de siete años [30], y que además, sería un instrumento privativo de libertad económica. Respecto a la diferencia que se plantea entre la gestión de una empresa privada y una estatal, Mises explicaba que una vez que una propiedad ha sido socializada “los sujetos económicos dejan de operar en busca del benficio… limitándose a seguir ineludibles instrucciones administrativas” y luego demostraba que “es el capitalismo el padre de la tecnología, no a la inversa”[31], de nuevo la apreciación de Mises no falló. Dicho esto, ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar para que el estado garantice que el petróleo sea “nuestro”?

Una cura para Venezuela.

En Venezuela siempre se han puesto muchísimas expectativas en los gobernantes, lo cual ha sido igual a una carga autodestructiva. Porque a través de esas expectativas nace el pretexto de intervencionismo y populismo por parte del estado, más aún teniendo bajo su control un recurso como el petróleo.

La verdadera cura para nuestra economía es convertir al petróleo (y todos los demás recursos estatizados) en un bien privado, esto invalidará el populismo estatal, así como todas sus regulaciones, fomentaría la competencia con el desarrollo empresarial, desmembrará una gran parte de la corrupción y posteriormente daría apertura al inicio de una hermosa economía de libre mercado. Pero para que esto ocurra, el mundo de las ideas en Venezuela tiene que cambiar, se trata de liberarnos de esas falsedades heredadas y dejar a un lado las expectativas del gobierno benefactor. En lugar de anhelar a un “mecías salvador”, debemos procurar conseguir un estado de derecho y una mayor libertad económica. No es fácil, no ocurriría de la noche a la mañana, pero la concientización es el primer paso, y sin duda eso es lo que revertiría poco a poco la compleja situación proveniente de las últimas décadas, así, incluso los más pobres podrán prosperar bajo sus propios medios y virtudes. Con mucha razón Milton Friedman creía en la libertad económica como agente principal del desarrollo y de la superación de la pobreza[32].

Si luego de leer este ensayo usted aún tiene renuencia y escepticismo hacia la privatización, permítame resaltar como en Reino Unido fue posible la privatización de recursos naturales anteriormente nacionalizados, con Margareth Tatcher como primera ministra, impulsando la economía británica contra muchos pronósticos[33].

La economía venezolana en las últimas décadas, no ha crecido de forma sostenible, por el contrario, ha decrecido de forma sostenible. Dicho esto, le pregunto estimado lector, ¿no cree usted que es momento de tomar una nueva dirección.

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[1] Informe económico del Banco Central de Venezuela. En: www.bcv.org.ve

[2] Plinio A. Mendoza, Carlos A. Montaner, Alvaro Vargas Llosa, Fabricantes de miseria, 1998.

[3] Hugo J. Faría, Hugo Chavez against the Backdrop of Venezuelan Economic and Political History. En:  http://www.independent.org/pdf/tir/tir_12_04_2_faria.pdf

[4] Hugo J. Faría, Carlos Sabino, La inflación, qué es y cómo eliminarla. En: http://paginas.ufm.edu/sabino/word/inflacion.pdf

[5]  Petróleos de Venezuela S.A. De la privatización a la nacionalización de la industria petrolera en Venezuela. En: www.pdvsa.com

[6] Friedrich Hayek, Caminos de Servidumbre. Ciencia Política Alianza Editorial, p. 241.

[7]  Ver: BCV, ¿Qué son las reservas internacionales? ,  http://www.bcv.org.ve/reservas/reservas.htm

[8]La OPEP es un organismo intergubernamental que busca la unificación  de las políticas del crudo, implícitamente anulando el orden espontáneo que la competencia de libre mercado ofrece.

[9] Fraser Institute. Informe anual de libertad económica en el mundo. 2013. En: www.fraserinstitute.org

[10] Ibíd., p. 2-28.

[11] Hugo J. Faría, Hugo Chavez against the Backdrop of Venezuelan Economic and Political History, p. 5.

[12] Alberto Benegas Lynch, ¿Qué es liberalismo?,  Universidad Francisco Marroquín 2011. En: http://www.youtube.com/watch?v=51S2ZHnrhY0

[13] Luis José Silva Luongo, De Herrera Campins a Chávez, Editorial Alfa 2007, p. 48-50.

[14] Ibíd., p. 220-255.

[15] Ibíd., p. 416-492.

[16] PDVSA. El sabotaje contra la industria petrolera nacional. En: www.pdvsa.com

[17] Ver: Petroleo para el pueblo, http://www.pdvsa.com/index.php?tpl=interface.sp/design/readmenuprinc2.tpl.html&newsid_temas=38

[18] Friedrich Hayek, Caminos de Servidumbre,  Ciencia Política Alianza Editorial, p. 87.

[19] Ibíd., p,183.

[20] Ludwig Von Mises, Liberalismo, Planeta-Agostini, p. 104.

[21] Ver: http://www.bcv.org.ve/c1/Publicaciones.asp?Codigo=9744&Operacion=2&Sec=False

[22]  Ver: http://www.eluniversal.com/2007/10/22/opi_art_constitucion-pueblo_533790

[23] Luis José Silva Luongo, De Herrera Campins a Chávez. Editorial Alfa 2007, p. 253.

[24] Ver: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/15833/2/capitulo4.pdf

[25] Juan Pablo Pérez Alfonso, Una visión nacionalista de la política petrolera del siglo X, En: www.pdvsa.com

[26] Axel Kaiser, La fatal ignorancia, editorial Instituto Democracia y Mercado 2012,  p. 40.

[27] Jesus Huerta de Soto. Teoría del nacionalismo Liberal. En:  www.jesushuertadesoto.com

[28] Guillermo Rodríguez González. Libres de envidia. En: www.caminosdelibertad.com

[29] El Diario La Verdad registró 30 derrames de petróleo por parte de PDVSA de 2005 a 2012. Ver: http://www.laverdad.com/economia/8951-doce-derrames-de-petroleo-lleva-pdvsa-en-2012.html

[30] Por la fecha de publicación del artículo anterior, no se reportó la explosión en la refinería de Amuay ni el incendio de la refinería El Palito.

[31] Ludwig Von Mises. Liberalismo. Planeta-Agostini, p. 86-113.

[32] Milton Friedman, José Piñera, Sergio de Castro, Axel Kaiser, Jaime Bellolio, Angel Soto, Un legado de libertad, Milton Friedman en Chile, Fundación para el Progreso 2012, p. 9.

[33] Ver: Privatization in the United Kingdom under Tatcher’s Government, San Jose State University,  http://www.sjsu.edu/faculty/watkins/privUK.htm

Un análisis al mensaje de Malala: Las dos caras del derecho a la educación.

Malala Yousafzai, quien hace 2 años fue herida de bala en la cabeza por parte de grupos fundamentalistas islámicos por proclamar su derecho a la educación en su condición femenina, fue el pasado viernes acreedora  de un Premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la persona más joven en obtenerlo gracias a su lucha en contra del radicalismo y en favor del derecho a la educación de las mujeres.

Se me hace muy curioso el caso de Malala, ya que su mensaje conmovedor podría estar propenso a que se observe el problema desde dos perspectivas distintas  las cuales describiré más adelante, sin embargo, a raíz de eso no puedo evitar cuestionarme, ¿Debemos garantizar la educación como un derecho?, O ¿Deberíamos permitir la libre elección a la educación como un derecho?

Imaginemos por un momento que queremos ejecutar la acción de educar a un individuo, para ello, necesitaremos establecer un tema sobre el cual instruirlo; acto seguido, necesitaremos buscar a un profesor que esté capacitado para enseñar sobre este tema; posteriormente deberemos dotar al profesor e individuo de instrumentos que faciliten el proceso educativo, como por ejemplo, libros; y por último, habrá que buscar un espacio cuyas condiciones estén dadas para ejecutar un proceso de aprendizaje efectivo como en un salón de clases. Pareciera un proceso muy sencillo hasta que nos encontramos con el siguiente impedimento, ¿Cómo pagaremos a los profesores, los libros y la construcción de un salón de clase?, claramente el profesor, ni el constructor, ni el librero prestarán sus bienes o servicios gratis, y si decidieran hacerlo como un acto de caridad, entonces deberemos enfrentar otro problema, ¿Cuántos individuos podrán beneficiarse de estas clases? , posiblemente no todos ya que el espacio sería limitado.

El gran problema dentro de este acertijo, es que la educación califica como un bien económico, y a su vez resulta una realidad innegable que los bienes económicos son escasos, por lo que ¿podrán todos beneficiarse de su derecho aun siendo escaso?

Adicionalmente, si configuramos un bien económico como un derecho,  al menos en el caso de la educación, alguien tendrá que ocuparse de establecer los programas de aprendizaje, buscar profesores, dotar de material y construir salones de clase, es decir, estaríamos convirtiendo nuestro “derecho” en una acción que debe ser satisfecha primero por alguien más. Esto es lo que mejor se conoce como derecho positivo, o como a mí a veces me gusta llamarle “derecho-dependencia”.

¿Y qué pasa con aquellos que simplemente no quieren educarse?, ¿Cómo garantizarle un derecho a alguien que no quiere hacer uso de él?, Entonces ya no debería considerarse como un derecho.

Ahora bien, no creo que el mensaje de Malala se refiera a lo que el término de derecho positivo sugiere. De hecho, considero que su lucha radica en el hecho de que no se le prohíba su libre elección a educarse, lo cual resulta extremadamente diferente a lo que antes mencionaba.

Es muy importante establecer esta diferencia, ya que  si mi interpretación es acertada, entonces estaríamos refiriéndonos a los derechos negativos, los cuales podemos ejercer sin necesidad de la acción de alguien más.

Resulta un poco preocupante tratar de pronosticar por cuál de las dos aristas será visto el mensaje de Malala, puesto que esta valiente Joven que ha impactado al mundo, ya ha comienza a ser un icono de influencia, al menos en el mundo de las ideas fundamentalistas del Islam.

Aun así, si observamos el mensaje de Malala desde la perspectiva de la libre elección, notaremos el gran valor que posee, considerando que ella creció en un entorno en donde no hubo puntos de comparación que le permitiesen pensar en un cambio más allá de su religión.

Malala

¿Quién paga la deuda externa?

La razón por la que una caída abrupta en los precios de bonos resulta un indicador tan preocupante, es porque financieramente, cuando un deudor no está en capacidad de pagar su deuda, ésta se califica como una de alto riesgo, y por supuesto que bajo esas condiciones, nadie querrá ser el acreedor, por ello los precios de los bonos caen y los intereses se disparan.  Si el deudor entra en una cesación de pagos, o también calificado como “default”, el acreedor procederá a confiscar activos que equiparen el valor de la deuda, lo cual podría significar una consecuencia catastrófica, entonces a partir de esta etapa el deudor se ve en la necesidad de obtener la liquidez requerida de donde sea posible, para honrar la deuda.

Hace un mes nos encontrábamos a la expectativa de que el Gobierno de Venezuela pudiese entrar en un default. Con la caída de los precios de los bonos, corroboramos que el Estado Venezolano es un deudor riesgoso, y ante la posibilidad de caer en la cesación de pagos fue mucha la incertidumbre generada, considerando que las posibles consecuencias sería el congelamiento de activos en el exterior. Una historia que ya todos conocemos.

¿Quién paga por esta deuda?

Luis Vicente León afirmó que no creía que el Gobierno permitiese una cesación de pagos, y al haber llegado Octubre, el mes decisivo, podemos corroborar lo que León tanto aseveró, puesto que ya se reportan transferencia s a los tenedores de bono provenientes de los fondos de las reservas internacionales.  Pero realmente, ¿Quiénes están pagando por esta deuda?, pues, obviamente, todos los venezolanos.

Me parece curioso ya que, a sabiendas de que el estado se endeuda a costa de todos los venezolanos sin beneficio alguno para ellos, también paga la deuda por medio de las restricciones que les coloca, entonces no puedo evitar preguntarme, ¿Cuál es el fin del Estado para con los individuos?, resulta muy irónico asimilar que si bien los venezolanos procuran tener un estado paternalista, aquí pareciera de hecho todo lo contrario, los individuos son los padres del estado al asumir la deuda que éste acumula, ¿Para cumplir cuál fin?, pues ninguno que beneficie a los individuos sino uno que beneficial al mismo Estado.

Francisco Ibarra afirma que la deuda externa no tiene nada que ver con las deudas internas que el  Gobierno debe honrar con empresarios, estudiantes cursando programas en el exterior, y demás, pero si nos detenemos a evaluar el flujograma del BCV sobre el flujo de las reservas internacionales, entenderemos que realmente esta deuda sale del bolsillo de todos por igual, sobretodo atendiendo a la premisa de que “El petróleo es de todos”.

Un pronóstico no tan prometedor.

Hoy por hoy tenemos la sensación de que no caeremos en un default, pero lo más probable es que el estado vuelva a hacer uso del tradicional mecanismo nefasto para autofinanciarse, al utilizar su poder coercitivo para expandir la masa monetaria. No me sorprendería ver una devaluación a la vuelta de la esquina, ya que eventualmente el Gobierno se verá en la necesidad de producir más dinero.

Claro está que serán los individuos venezolanos quienes una vez más, pagarán las consecuencias de  una economía intervenida.

Círculo Bastiat: “Instituciones y Libre Mercado. Una mirada desde Douglass North”.

Tuve la oportunidad de asistir al pasado Círculo Bastiat oganizado por CEDICE Jóven, en donde el tema central fue “Instituciones y Libre Mercado. Una mirada desde Douglass North”, cuya ponencia vino de la mano de David Ceccato Grau.

Asimismo, un grupo de jóvenes sin distinción de ideologías, nos reunimos para escuchar la ponencia y hacer intervenciones con nuestros comentarios al final.

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¿Qué es una Institución?, fue la primera pregunta que se planteó en la ponencia. Ésta se definió como las restricciones que surgen de la inventiva humana, de la elección colectiva de la sociedad dependiendo de su historia, y se caracterizaron por ser endógenas a la misma. Asimismo, se hizo una conexión de causalidad entre las Instituciones, el poder político y la distribución de recursos.   

 

De acuerdo a Doulgas North, las Instituciones son “Las Reglas del juego en la sociedad. Ellas van a estructurar los incentivos de la misma”, entonces considerando que los humanos nos regimos bajo incentivos, de las Instituciones dependerá lo que haremos o no como individuos, es decir, de ellas dependerá nuestro desarrollo, el cual no será posible sin el libre mercado. El mismo ponente hizo referencia a este argumento al afirmar que “Aquella Institución buena será relacionada como una que traiga desarrollo de todo tipo (económico, político, cultural)”.

Por lo que creo que el mensaje intrínseco que este Círculo Bastiat me dejó, fue la gran importancia que tienen las Instituciones en las sociedades, y que nosotros, como jóvenes, deberíamos prestar un poco más de atención.

Fue sin duda una ponencia muy interesante y altamente académica. Sin embargo, el punto que captura especialmente mi atención mientras reviso mis apuntes, fue la aseveración de que no hay una relación definida de causalidad entre instituciones y desarrollo, ya que caer en este debate sería como tratar de descifrar qué vino primero, el huevo o la gallina. Recuerdo que fue un foco de discusión en la ronda de preguntas, y sobre ella me gustaría hacer una reflexión personal.

Particularmente considero que comparar la relación de causalidad entre Instituciones o Desarrollo con el debate del huevo y la gallina es agregar una perspectiva relativista la cual no comparto mucho (y creo que fue en lo único que pude diferir). Si el desarrollo proviene del libre mercado, y éste a su vez proviene de los incentivos individuales, entonces deben existir instituciones que estructuren incentivos de conformidad con lo anteriormente nombrado. Con esto insinúo que posiblemente las Instituciones hayan sido las predecesoras al desarrollo, pero claramente sólo aquellas que vayan de la mano con la libertad.

David Boaz en su trabajo Las Raíces del Liberalismo, hace una referencia implícita de esta relación de causalidad, mientras explicaba una de las razones por las que ocurrió el descenso del liberalismo  y un nuevo camino hacia el colectivismo a finales del siglo XIX,  “Los americanos y los británicos nacidos a finales del siglo XIX se encontraron con un mundo en donde la riqueza crecía rápidamente, al igual que la tecnología y los niveles de vida. Para ellos, no resultaba tan obvia la idea de que el mundo no hubiera sido siempre así. Y los que sí lo sabían, quizá ya hubieran asumido que el antiguo problema de la pobreza había sido resuelto. Ya no era importante mantener vivas las instituciones sociales que habían erradicado la pobreza”(p.10).

Claro que todos tenemos opiniones distintas, sin embargo, lo más virtuoso de la libertad es poder tener un debate libre de ideas, tal y como es la iniciativa de estos grandiosos Círculos.

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