El tercer mito de los efectos económicos de la inmigración.

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En el artículo anterior, hemos discutido sobre los efectos económicos de la inmigración versus las percepciones del público en general, tocando aspectos como los del desempleo y la reducción de salarios. Sin embargo, aún nos quedó un argumento pendiente, y es el del aumento del consumo de bienes y servicios públicos.

La percepción general de este problema es que mientras ingresan más inmigrantes a un territorio con bienes económicos que, por naturaleza son escasos, la demanda de estos crecerá y con esto los precios también. Michael Huemer tiene una manera muy efectiva de explicarlo con el ejemplo de Marvin y Sam:

Como antes, Marvin planea entrar al mercado a comprar comida para sobrevivir. Debido a sus circunstancias económicas, Marvin deberá comprar el pan más barato que haya en el mercado. Sin embargo, la hija de Sam también planea ir al mercado un poco más tarde ese día, para comprar el mismo pan. La oferta de este pan es usualmente baja, así que su existencia puede agotarse justo después de la venta de Marvin. La hija de Sam podría comprar un pan más caro, pero ella prefiere no hacerlo. A sabiendas de esto, Sam teme que si Marvin entra al mercado, su hija tenga que pagar un precio ligeramente más alto por el pan, de lo que a ella le gustaría. Para prevenir que esto ocurra, él aborda a Marvin en el camino, y físicamente lo retiene de su entrada al mercado, ¿es la acción de Sam permisible?

Michael Huemer – Social Theory and Practice.

Supongamos que en lugar de hablar de bienes o servicios privados, hablamos de bienes y servicios públicos. Los inmigrantes no sólo llegan para aumentar la demanda de bienes sino también para aumentar la demanda de educación, salud, y cualquier otra cosa que el Estado provea, generando la percepción de que los nativos deban pagar más impuestos. Este es el argumento que siempre escuchamos y el que Caplan describe como parte de la desgracia calva, en su teoría del sesgo anti-extranjero.

De acuerdo al American Immigration Council, los inmigrantes cada año contribuyen en unos $90 a $140 billones en impuestos federales, estatales y locales. Asimismo, exponen que los inmigrantes indocumentados también han contribuido con unos $20 billones desde 1990 a 1998. Lo más curioso es que dentro de las cifras que muestran, el 70% de los inmigrantes llegan a una edad cumbre de trabajo, lo que significa que el Estado no ha gastado mucho en la educación de los mismos.

Volviendo al ejemplo anterior, a pesar de que Sam tiene las mejores intenciones de proteger a su hija, es necesario considerar que el daño que le causa a Marvin por impedirle su entrada al mercado es quizás aún peor, y es que, como afirma el mismo Huemer, los individuos siempre emigran forzosamente de su país natal para huir de condiciones de miseria. Por lo que quizás resulte más sencillo aceptar el beneficio que tienen para dar a la economía.

Inmigración y economía: dos mitos que nunca pararemos de escuchar.

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En términos de balanza de pagos, la inmigración no es un problema. Si un inmigrante se muda de ciudad de México a Nueva York, y gasta sus ahorros en su nuevo país de residencia, la balanza comercial no cambia. Aún así, el público observa a la inmigración como una desgracia calva: pérdida de empleos, salarios mínimos reducidos y servicios públicos consumidos.

-Bryan Caplan. El Mito del Votante Racional.

Estos tres argumentos mencionados por Caplan son quizás, los que más escuchamos de personas, medios de comunicación y politicos que están a favor de regulaciones en cuanto a inmigración. Es por ello que en el artículo de hoy, compartiré una reflexión sobre dos de los argumentos que conforman la “calva desgracia”.

INMIGRACION Y REDUCCION DE OPORTUNIDADES DE EMPLEO.

Que los inmigrantes reduzcan las oportunidades de empleo a los nativos es algo que he escuchado un sin fin de veces. Sin embargo, pareciera que al observar la opinion de los expertos, nos encontráramos con argumentos totalmente opuestos. Michael Huemer afirma que los economistas están muy cerca de un punto de vista unánime, en cuanto a que la entrada de inmigrantes en el Mercado de trabajo de Estados Unidos ha sido positivo. En este sentido, hace referencia a un estudio realizado por Julian Simon y Stephen More, en donde aplicaron una encuesta a 27 economistas respetados (previos miembros del American Economic Association o del President’s Council of Economic Advisors), de los cuales 22 opinaron que los efectos de la inmigración en el siglo XX han sido muy favorables para la economía americana, y los cinco restantes respondieron que había sido ligeramente favorable.

¿Entonces por qué todo el mundo pareciera opinar lo contrario?, Porque todos los bienes económicos son escasos. Al ser el empleo un bien escaso, la necesidad de supervivencia se vuelve más fuerte. Entonces es prácticamente irresistible –como afirma Alan Blinder- culpar a los inmigrantes, aquellos que están llegando, que no pertenencen, de robar empleos.

Lo cierto es que mientras los inmigrantes hacen que nuestra necesidad de supervivencia y preservación se vuelva más fuerte, también endurecen la competencia, generando un efecto de profesionales mucho mejor preparados que en generaciones anteriores. Pero más allá de esto, también traen un beneficio que muchas veces pasamos desapercibido.

Bryan Caplan explica que “el comercio en el Mercado de trabajo es el mismo que en el de bienes. Mientras las madres americanas capacitadas regresan a sus trabajos, pueden contratar a niñeras Mexicanas”. Esto no significa que los mexicanos/Inmigrantes no puedan ser profesionales capacitados. Lo que Caplan nos afirma con esto, es que si existe un intercambio beneficioso para ambas partes que termina siendo positivo para la economía.

INMIGRACION Y REDUCCION DE SALARIOS.

El segundo mito detrás de los argumentos de la “calva desgracia” es la reducción de los salarios tras la inclusión de inmigrantes en el mercado laboral. La historia detrás de todo esto es sencilla. Cuando en un país el gobierno establece un salario mínimo, todas las empresas están forzadas a pagar al menos, ese salario a sus empleados. No obstante, la empresa es libre de pagar aún más –o muchísimo más- que el salario mínimo, dependiendo de cuánto valore el trabajo ejercido por el empleado.

Si un inmigrante entra al mercado laboral de un país nuevo, entonces es posible que se vea forzado a aceptar un pago igual o muy cercano al salario mínimo, ya que a diferencia del nativo, quizás no tenga los recursos para buscar un trabajo que le ofrezca un sueldo más alto, quizás mudarse de país ha acabado con sus ahorros y necesita un trabajo rápido, o tal vez su permiso de trabajo haya sido asignado para trabajar en esa empresa que sólo puede pagar no más que el mínimo que establecido por la ley.

Por otro lado, es posible que la empresa no pueda costear salarios más altos y por eso haya decidido contratar al inmigrante en lugar del nativo (quién de seguro aspirará más que el mínimo). Es posible también, que la empresa ofrezca salario mínimo porque no sepa valorar el empleo que oferta, y solo se guíe por los parámetros gubernamentales. Cualquiera que sea la razón, el efecto que esto causa en el mercado es que los salarios bajen de forma gradual, en vista de que como hay más inmigrantes que están dispuestos a recibir salarios iguales o cercanos al salario mínimo, entonces cada vez menos empresas estarán dispuestas a pagar salarios más altos. Desde luego que esto también afectará a los nativos, quienes no podrán cobrar tan alto como antes lo hacían.

A simple vista, es sencillo culpar a los inmigrantes de este efecto económico. Sin embargo, es la asignación de un salario mínimo lo que hace que los nativos no puedan competir con los bajos salarios que los inmigrantes si están dispuestos a aceptar. Imaginemos por un momento que vivimos en un país en donde no hay salarios mínimos, y que los inmigrantes se integran al mercado laboral como cualquier otro nativo, ¿acaso no estarían estos inmigrantes dispuestos a cobrar lo que el mercado ha establecido libremente?, ¿tendrían los nativos que conformarse con salarios más bajos con tal de competir en el mercado laboral?

Si has respondido que no a estas dos preguntas, entonces podrás entender la siguiente idea. Puede ser cierto que la entrada de inmigrantes en el mercado laboral, conciba un efecto negativo en los salarios en general, sin embargo, es un error ver esto como la causa del problema. De hecho, es más bien la consecuencia de que haya una regulación estatal sobre cuánto puede un empleado aspirar a cobrar por su labor, o cómo debe valorar la empresa el trabajo de sus empleados.

El tercero de los mitos mencionado por Caplan, es el de la inmigración y el consumo de los servicios públicos, pero ese lo dejaré para el siguiente post.

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Inmigrantes y criminalidad: El mito que los políticos tratan de hacernos creer.

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Digamos que el espectro de opinion pública en el tema de inmigración podría resumirse de la siguiente manera, a un extremo están los que piensan que todos los individuos deben ser libres de buscar un mayor bienestar de acuerdo a su propia escala de valoración, y por ello deben ser libres de innmigrar como mejor puedan. A otro lado están los que optan por una postura más proteccionista, y que piensan que cualquiera que llegue a amenazar paz de los nativos de su territorio debe ser expulsado, por lo tanto la inmigración al poder convertirse en un completo problema debe ser completamente regulada.

A simple vista, pareciera que ambas posturas fuesen completamente contrarias. Sin embargo, ambas proponen la defensa de una idea de libertad como la conocemos. Bajo esta premisa, cualquier inmigrante debería ser libre de buscar su propia felicidad en un territorio nuevo (como Marvin, quien solo buscaba comida), siempre y cuando no interfiera de forma negativa con los nativos que ya residen en dicho territorio.

El problema real dentro de este parámetro de opinion, es poder determinar qué problemas son los que realmente deben ser adjudicados a los inmigrantes. Ya que muchas veces nos dejamos llevar por percepciones y no por la verdad.

Las percepciones no son más que una reacción a un estímulo que nos permite hacer una interpretación de la realidad. Si dicho estímulo esta basado en una mentira, entonces posiblemente desarrollemos una perspectiva falsa de algo que estamos convencidos de que es real. Eso, es exactamente lo que ocurre con Donald Trump y su vision sesgada de los inmigrantes.

Bryan Caplan, en su teoría sobre las creencias sistemáticamente sesgadas de economía, define al sesgo anti-extranjero como la tendencia a subestimar los beneficios económicos de interactuar con extranjeros. Irónicamente, ocho años atrás describió al típico estereotipo del empresario quien considera que todos los problemas económicos de Estados Unidos se resolverán haciendo un bloqueo naval a Japón y construyendo un “muro de Berlin” en la frontera con México. Acaso, ¿no este un diálogo conocido en el discurso de Trump?

Trump ha ganado muchísima popularidad en su candidatura en los últimos meses, no solo por hacer públicas sus intenciones de construir un muro entre E.E.U.U y México, sino también por culpar a los Inmigrantes Mexicanos de traer crimen y acaparar trabajos.

Curiosamente, un estudio reciente del American Immigration Council, asegura el índice de inmigrantes ilegales que ingresaron a Estados Unidos desde 1990 a 2003, aumentó de 3.5 millones a 11.2 millones, y que durante ese mismo período, el FBI reporto que los índices de criminalidad cayeron en un 48% en cuanto a robo y asesinatos, mientras que los crímenes relacionados a violación de propiedad cayeron un 41%.

En ese mismo estudio, el AIC comprueba que los Inmigrantes están menos propensos a engancharse en comportamiento criminal o de estar tras las rejas, en comparación a los nativos latinoamericanos. El mismo organismo atribuye esto al hecho de que, bajo la poca protección legal que pueden tener los inmigrantes ilegales, estos buscan en mayor medida no meterse en problemas.

Pero lo cierto es que independientemente de la causa de estas estadísticas, es imposible no cuestionarnos si realmente Trump nos está hablando de un problema cuya magnitud realmente es tan grande como él la expone. Claro que la criminalidad existe, pero ¿realmente debe asociarse a los inmigrantes con ese problema?, Asimismo, está claro que el narcotráfico existe, pero este tema es otra tela para cortar.

Hacerle creer a un grupo de personas que algunos problemas son más graves de lo que son, o que si quiera dichos problemas existen, es algo típico de los políticos que pretenden volverse necesarios para un país. No es una sorpresa que este sea el caso de Trump, esto era obvio desde que anunció su candidatura presidencial. Lo grave del asunto es el debate que ha generado en los últimos meses, que sin duda podría causar una deformación en el mundo de las ideas de un país fundado sobre parámetros de libertad.

 

¿Es realmente la inmigración un derecho?

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Marvin esta desesperado por conseguir comida. Quizás alguien se ha robado su comida, o quizás un desastre natural ha destruído sus cosechas. Marvin está en peligro de morir de hambre. Afortunadamente, él tiene un plan para remediar el problema: él caminará al mercado local, en donde comprará algo de pan. Asuma que en la ausencia de interferencias externas, este plan será exitoso: el mercado está abierto, y allí hay gente que estará dispuesta a intercambiar comida con Marvin por algo que él tiene. Otro individuo, Sam, está al tanto de todo esto y está vigilando a Marvin. Por alguna razón, Sam decide detener a Marvin en su camino hacia el mercado, previniendo forzosamente que Marvin llegue. Como resultado, Marvin regresa a casa con las manos vacías, en donde muere de hambre.

– Social Theory and Practice – Michael Huemer.

¿Realmete existe un derecho a Inmigrar? Es la pregunta que nos plantea Michael Huemer en el trabajo cuyo fragmento cité previamente. Exponiendo el ejemplo de Marvin y Sam, pero no sin antes hacer una aclaratoria de que su cuestionamiento va dirigido al hecho de que el estado le niegue a individuos comunes la entrada a un país, excluyendo completamente a terroristas y fugitivos de la ley.

El término en el que más se enfoca para defender su argumento son los derechos de prima facie, que se traducen del latín primera vista. Significan todas aquellas atirbuciones aparentes que tiene un individuo o situación en observación inicial, y que pudiesen cambiar bajo consideraciones posteriores.

En el ejemplo expuesto, Marvin quería obtener comida por medio de un intercambio. A primera vista, el ejercicio de su acción no pretendía afectar a ningún residente del Mercado. Es por ello que al momento en que Sam lo detiene, ejerce una acción coercitiva que causa un daño directo a Marvin. Esto es lo que Huemer identifica como una violación a los derechos prima facie de Marvin, una violación a sus derechos negativos.

Es claro que bajo este simple ejemplo, Huemer pretende explicar por qué las políticas de inmigración son coercitivas y violan los derechos negativos de un individuo. Sin embargo, también es necesario recordar que bajo el contexto de estado de derecho, la libertad de un individuo termina en donde comienza la del otro.

En este sentido, Huemer también nos recuerda que asesinar a un individuo sería una violación de sus derechos a primera vista. Siempre y cuando no hayan circunstancias que justifiquen la acción del asesino, como por ejemplo, que haya ejecutado esta acción en defensa propia. Así, no todas las acciones implican una violación de derechos individuales, si se consideran todas las circunstancias y factores involucrados.

En el contexto inmigratorio, valdría la pena entonces preguntarnos, ¿Hasta qué punto interfieren los derechos de los inmigrantes con los derechos de los nativos?, la respuesta a esta pregunta es la que hasta ahora ha justificado las regulaciones del estado en cuanto a las políticas migratorias de un país. Es también el punto focal de discusión en cuanto al tema de inmigración actualmente.

El mismo Huemer hace un análisis de esta pregunta en su ensayo, y nos da respuestas muy interesantes al respecto. Si quieres leer el trabajo completo, puedes hacerlo pulsando aquí.

Pero como para muchos las respuestas de Huemer no son suficientes, haremos un repaso de esta pregunta una y otra vez, para dar con nuestras propias respuestas.

¡Estoy de vuelta!

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¡Hola!

Finalmente he regresado, después de tres largos meses de ausencia, estoy muy feliz de estar de vuelta. No solo porque extrañaba escribir, sino porque algo que comencé como un pequeño pasatiempo, ha cumplido su primer año en Agosto. A pesar del poco tiempo y de que no subo mis posts con una frecuencia específica, ya hay muchos de ustedes esperando por el siguiente.

Como todo proceso evolutivo, estos últimos dos meses han sido para reencontrarme con mis ideas y oxigenar mi creatividad. Me propuse re-diseñar el blog y empezar a escribir de otros temas que -a parte del libertarianismo- también ocupan mucho de mi interés.

Pero si hay algo que no podía hablar por acá, y que sin duda ha llamado muchísimo mi atención entre los libertarios a mi al rededor, es el tema de la inmigración. Pareciera que todos tienen algo que decir al respecto, pero lo más sorprendente son las disparidades en la opinion pública que he podido evidenciar. Es por ello que me propuse editar y actualizar un artículo que había escrito hace unos meses sobre este tema, justo luego de presenciar una charla de Christopher Freiman en el seminario de Verano del Institute for Humane Studies.

Eran muchas las ansias que tenía por escuchar aquella charla, una vez que mire el programa del seminario. Cuando por fin llegó el momento, nunca olvidaré las palabras de Chris al comienzo: “A los libertarios debería importarles el tema de inmigración tanto -o más- como la legalización de drogas u otros temas que a los que si se da mucha importancia”.

A pesar de que mi aspecto conservador me dificulta visualizar a todos los países con fronteras abiertas (especialmente en este momento de la historia), debo decir que esta ponencia me llevo a un nivel de reflexión del que antes no había estado ni cerca.

El resultado fue un largo proceso de reflexión e investigación, que terminó en un artículo un poco largo como para publicarlo de una sola vez. Por lo que resolví subirlo en distintos fragmentos, dentro de una misma serie.

Es por ello que si eres uno de esos antiguos lectores del blog o si a penas estás llegando a mirar, debo decirte que me pondré un poco repetitiva con el tema durante los siguientes artículos y que espero de todo corazón no aburrirte.

De cualquier manera, gracias por visitar PDL, pero sobretodo:

¡Bienvenido de vuelta!

Donald Trump & Make America Great Again.

Estaba trabajando en un artículo que tenía previsto publicar el fin de semana, pero a penas escuché el discurso de Donald Trump anunciando su candidatura a las elecciones presidenciales del 2016 por el partido republicano, no pude resistirme a escribir mi opinión.

Siempre he considerado que Donald Trump es una persona totalmente awesome. Fue la primera temporada de su reality show la que quizás me inspiró cierto interés por una carrera en negocios. A diferencia de muchas personas, su arrogancia nunca ha sido motivo para detestarlo porque después de todo, si has logrado todo lo que él ha logrado, eres libre de elegir sentirte superior mientras eso no implique humillar a alguien más. Desde luego que la palabra humillación puede estar sujeta a muchas interpretaciones subjetivas, pero para efectos de este análisis, trataremos el término humillación bajo el contexto de violación de derechos.

Cuando te desenvuelves en un mercado libre, regido bajo un marco de ley, es difícil que tu arrogancia pueda pasar por encima de otros. Los intercambios comerciales, es decir, la compra y venta de bienes y servicios, dependerán del previo consentimiento de las partes y no requerirá métodos coercitivos en donde se violan los derechos de los otros. Todo se trata de un intercambio voluntario y de no ser así, entonces no estamos hablando de un mercado realmente libre.

Pero cuando te desenvuelves en el aspecto estatal, los intercambios no se hacen de forma voluntaria. El estado tiene la potestad de recaudar impuestos de sus ciudadanos -lo quieran o no-, para luego invertirlo en fines destinados a un bien común. Básicamente un grupo de personas decide cuánto de tu dinero necesitan, cuándo y cómo usarlo. En este sentido, es muy probable que tu arrogancia pueda resultar fatal. Cualquier libertario promedio sabe que esta teoría no me la inventé yo.

Donald Trump pareciera ser un futuro político de buenas intenciones, alguien que quiere devolver a Estados Unidos a la cima del mundo bajo el slogan Make America Great Again y eso suena magnífico. El problema es que no solo promueve esos fines desde su arrogancia característica, sino que también los acompaña de un complejo de inferioridad. Por lo que no sería una sorpresa observar que para alcanzar estos fines, Trump apelará a un estado grande y de planificación centralizada. Entonces viene una vez más la pregunta, ¿el fin justifica los medios?

Cualquiera pensaría que si Trump es tan buen empresario, podría ejecutar una excelente gerencia en un país. El problema es pensar que un país y una empresa se manejan de la misma forma. Manejar una empresa significa perseguir un beneficio exclusivo. Manejar un país significa asegurar los derechos naturales de los individuos -para que ellos puedan perseguir su propio beneficio exclusivo-. Si haces que un país entero tenga un mismo fin y lo persiga de manera sistemática (como lo haría una empresa), entonces en algún momento te verás obligado ser colectivista y pasar por encima de los derechos de alguien. Después de todo, cualquier país con un estado grande o socialista / comunista persigue un fin también, y si para alcanzar dicho objetivo es necesario restarle libertad a otros, créanme que los burócratas no lo pensarán dos veces. Empresas y países, no son la misma cosa.

Otros también pensarían que si Trump es un empresario que está en contra de los impuestos, entonces significa que si llega a ser presidente reducirá la carga tributaria para todos los ciudadanos. No obstante, yo me pregunto cómo pensarán que financiará las Fuerzas Armadas que tanto desea para Estados Unidos, sin una carga tributaria igual o mayor a la actual.

A pesar de que no estoy muy convencida de cuan conveniente sea tener a Donald Trump de presidente, sigo pensando que es un hombre muy cool, por lo creo que merece la pena al menos observar la agenda de su próxima campaña. Quién sabe, quizás yo pueda estar equivocada.

Este artículo fue escrito y publicado antes del escándalo de Trump con los inmigrantes de E.E.U.U. 

I don’t believe the liberal media! – ¡Yo no creo en los medios liberales!

FullSizeRender Me encontraba en una calle muy transitada durante una hora pico, cuando reparo que el carro del frente  tiene una calcomanía que dice “I don’t believe the Liberal Media!” (“¡Yo no creo en los medios liberales!”). Inmediatamente me llamó la atención, lo primero que vino a mi mente fue “¿medios liberales?, ¿qué es eso?, ¿acaso no debería haber libertad de expresión para los medios?”, así que tome una fotografía para hacer mis investigaciones posteriores en Google, lo que encontré, ciertamente hizo que tuviera mucho qué decir.

Los Latinoamericanos consideramos de forma obvia e incuestionable que los medios de comunicación deben ser libres, si eres venezolano y liberal, esta premisa la apoyarías aún más. No dudo en que la razón de esto sea nuestro oscuro pasado y presente con los regímenes totalitarios, cuyos pasos vitales hacia su posicionamiento en el poder, ha sido la censura de los medios de comunicación que pudieron significar una amenaza considerable. Pero en Estados Unidos el problema es muy diferente. Aquí la censura de los medios de comunicación nunca han sido un problema, por lo que entre ellos se han creado sesgos sobre qué clase de contenido difundir, y con qué lenguaje hacerlo a fin de llevar el mensaje deseado.

El resultado de ello ha sido el sesgo liberal (the liberal bias) y el sesgo conservador (the conservative bias). Particularmente al sesgo liberal no se le da dicha connotación porque hable de libertad per se, sino porque va en dirección contraria al sesgo conservador, o como dicen en Estados Unidos: “presenta una tendencia de centro o izuiqerda“. En este sentido, automáticamente se relaciona al sesgo conservador con el partido republicano, y al sesgo liberal con el demócrata.

Es por ello, que la diversidad y el objetivismo en los medios de comunicación es un todo un asunto en E.E.U.U. Incluso, existen watchdogs como el Fairness and Accurancy in reporting (FAIR), que se dedican a investigar y a hacer vigilancia este aspecto.

Diversidad y objetivismo.

No obstante, considero que en el mundo real la diversidad y lo que los watchdogs llaman objetivismo, no es algo que se pueda imponer. Después de todo, los medios de comunicación están manejados por seres humanos, que tienen convicciones específicas las cuales no harán a un lado en favor de una causa en la que no creen.

Algunos estudios explican que periodistas tienen una tendencia a escribir sobre los temas que más van en concordancia con sus puntos de vista. A pesar de la antiguedad de estas investigaciones, considero que sus resultados tienen toda una lógica razonable. Por ejemplo, un periodista promedio en un país libre debería ser incapaz de modificar los hechos reales, pero también sería incapaz de comunicar positivamente sobre algo que vaya en contra de sus convicciones.

No olvidemos que al momento de transmitir información, estamos transmitiendo un mensaje con una connotación específica, la cual asignará un inevitable sesgo en la noticia. Si el modo de transmitir la noticia es a través de un artículo de opinión, entonces la existencia del sesgo se hace mucho más absoluta al comunicar un mensaje basado en una hipótesis.

Por ejemplo, si un partido socialista gana en un país determinado, el diario de izquierda no va a comunicar la noticia con la misma connotación del diario de derecha. Es una realidad innegable.

Asimismo, tampoco podemos olvidar que cada medio es una propiedad privada y por ende, alguna tendencia específica existirá en su contenido.  Si yo fuera editora de un diario en Estados Unidos,  y  un instituto de investigación llegara a recomendarme que debo contratar a un escritor de izquierda para asegurar que haya más “diversidad” y “objetivismo”, me reiría en sus caras, y luego les invitaría a que crearan un diario mas “objetivo y diverso” para que le hicieran competencia al mío, de este modo los lectores (o debería decir el mercado) elegirán qué leer.

“I don’t believe the liberal media!”

Antes de enterarme de esto del liberal and conservative bias, había decidido dejar de leer algunos diarios americanos cuyos artículos denotan una posición que va en contra de mi punto de vista, solo con leer los titulares ya empezaba a sentir dentera. Algunos de ellos son diseñados por jóvenes y para jóvenes, con noticias cortas y frescas pero con un alto y nefasto contenido pro intervencionista de estado, pro feminista, pro todo lo que repudio. Ahora lo entiendo todo, sin saberlo ya no creía en estos medios liberales. Por lo que elegí leer exclusivamente aquellos diarios que a bajo mi perspectiva, no tuviesen información tan sesgada hacia la izquierda.

Sin embargo, esa libre acción de elegir sólo lo hacemos las personas que tenemos un punto de vista predeterminado y por ende podemos hacer nuestro juicio y comparación. Entonces, ¿qué ocurre con todas las personas que no lo tienen y se cruzan con un diario cuyo mensaje está distorsionado? Esto no significa que sea necesario censurar a todos los medios del sesgo liberal e imponer solo los del sesgo conservador, significa más bien que en una sociedad en donde existe una visión precisa de lo que está bien y lo que está mal, medios como estos no prevalecerían mucho tiempo en el mercado. Me atrevo a decir que en primer lugar ni siquiera proliferarían.

La existencia de ellos no se debe a que hayan sido “demasiado libres”, sino que solo es un resultado de las deformaciones académicas que hoy vemos en nuestros principales ejes de formación.

Cómo deformar el uso de razón de una sociedad, for dummies.

Partiendo de la realidad de que nadie nace aprendido, la educación es una de las cosas más valiosas que un ser humano pudiera tener. En  la universidad, el individuo está en el proceso de transición entre ser un adolescente y un adulto, por lo que al empezar a prepararse para ser un profesional que se desenvolverá en la economía de su país, debe conocer el panorama que lo rodeará en su vida adulta. Los colegios y universidades son por ende, un actor principal en el mundo de las ideas. Por lo que si quieres destruir el uso de razón de un grupo de individuos, enséñales en su transición a la madurez que todo lo que está bien son puras falacias, y todo lo que está mal son puras cosas que van en coherencia con la razón.

El resultado será la sociedad que tenemos ahora, personas quienes no sólo leen sobre un montón de deformaciones académicas, sino que escriben sobre ellas y votan por políticos que van en concordancia con ellas. Naomi Schaefer Riley explica en un interesante artículo, cómo el sesgo liberal en el ámbito académico esta destruyendo la integridad de la investigación, basándose en un estudio sobre el radio de académicos liberales vs. conservadores. El resultado fue de 267 a 1 respectivamente. Además explica que:

“El ámbito académico se ha convertido en una clase de club, en donde amigos les dan a sus amigos asignaciones favorecedoras de investigación, que esencialmente les garantizarán asensos y años de ocupación”

Partiendo de esta afirmación sobre el ambiente de investigación, entonces no es muy dificil entender lo que ocurre en las aulas universitarias. Yael Farache lo explica en varios de sus artículos, de igual forma, algunos académicos lo han demostrado como Axel Kaiser en La Fatal Ignorancia.

Personalmente, yo concuerdo con esta perspectiva porque la he vivido en carne propia, he tenido profesores Universitarios quienes me han dicho que el socialismo es bueno pero está mal aplicado, que la devaluación de la moneda es una medida necesaria en la economía, que el Estado debe regular el mercado y pare de contar. Posteriormente, cuando hago mis propias averiguaciones, me quedo perpleja al enterarme que lo que decían mis profesores tan admirados eran puras mentiras.

“El precio de la libertad es la eterna vigilancia”. 

Yo recuerdo perfectamente cuando en Venezuela aún existía libertad de prensa, cuando los individuos podían elegir cuales medios de noticias seguir y cuales no. Nosotros también teníamos medios de comunicación sesgados, sólo que les denotábamos con términos como “opositor” y “oficialista”. En los primeros años del gobierno de Chávez, los opositores veían canales como Radio Caracas Televisión (RCTV) o Globovisión y los oficialistas se concentraban en Venezolana de Televisión (VTV).

Al día de hoy, los medios de oposición han desaparecido por completo en Venezuela. Hace muchos años que RCTV fue forzada a cerrar sus puertas, Globovisión fue comprada por el gobierno y Venevisión decidió vender su alma al régimen desde muy temprano. De este modo, cuando ocurrieron protestas como las de Febrero del 2014, los venezolanos sólo podíamos enterarnos de lo que realmente ocurría por medio de Twitter o CNN en español.

Claro este es un ejemplo muy extremo, en comparación a los sesgos de los medios Estadounidenses. Pero sin duda alguna, es el resultado de lo que ocurre cuando el mundo de las ideas deja de tener importancia y los individuos empiezan a creer en ideologías que se alejan de la realidad. No se trata de que un sesgo aplaste a otro, se trata de que nosotros empecemos a cuestionar un poco más sobre lo que aprendemos en las aulas de clase y lo que leemos en el diario todas las mañanas.

¿Realmente importa el desempleo?

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Cuando algunos apologistas del capitalismo opinan en su defensa que la generación de empleos es uno de los resultados mas favorables de este, al mismo tiempoo, existen muchos no tan amantes del crecimiento del capital, quienes opinan que a mayor desarrollo tecnológico, existen más maquinas que sustituyen la mano de obra humana.

El desarrollo de la inteligencia artificial y el desempleo, son variables que parecieran estar perfectamente relacionadas entre sí. Mientras más maquinas hacen el trabajo de humanos, más humanos se quedan sin trabajo. Si echamos un vistazo, actualmente la oferta de trabajo manual es menor que en otros años. No es necesario mirar las estadísticas para notar que en algunos países ya no se necesitan empleados para surtir de gasolina a los carros, o que ahora con tractores se pueden arar cosechas, o que la mano de obra esta siendo sustituída por robots en muchas compañías manufactureras.

Mientras menos plazas de trabajos manuales van quedando en el mercado laboral, más personas se ven reposicionadas a trabajos más intelectuales. Como consecuencia de ello, hoy en día se ven más jóvenes que tomando programas de posgrado, porque un título de pregrado ya no es suficiente.

Pero no puedo evitar cuestionar el hecho de que, si la educación y la civilización son factores que están directamente relacionados (como muchos creyentes de la igualdad opinan), no veo como esto puede ser algo malo.

Lo que resulta más irónico aún, es que la mano de obra y el trabajo pesado, fueron los combustibles principales de un deseo de igualdad y posteriormente de una teoría socialista, a través de la eliminación de la propiedad privada. Pero si el capital es la propiedad privada, que a su vez genera un trabajo menos pesado para los humanos, entonces tampoco entiendo como aquellos creyentes del socialismo o igualdad, piensen que el hecho de que menos personas hagan trabajo pesado hoy en día sea algo malo.

Desde luego que valdría la pena preguntarnos, ¿Realmente el desarrolo del capital puede impactar negativamente las tasas de empleo en un país?

El prof. Bryan Caplan, de George Mason University, nos da una respuesta muy interesante en el siguiente video.

-Para ver el vídeo en español, puedes configurar la opción de “subtítulos”, en el lado derecho de la barra inferior-

Por otro lado, también valdría la pena preguntarnos, ¿Podrían los desarrollos tecnológicos de las máquinas sustituír por completo a la inteligencia humana?

Por mera casualidad me topé hace muy poco con un artículo de Alison Gopnik titulado “What a child can still teach to a smart machine” (Lo que un niño aún puede enseñarle a una máquina inteligente). En pocas palabras, la autora resalta los avances que existen en la inteligencia artificial, pero coloca en contraste la inteligencia de los niño de tres años, quienes tienen creatividad de una forma impredecible y espontánea, lo cual sigue siendo algo inalcanzable para una máquina hasta ahora.

Aún así, sigo pensando que el hecho de que la inteligencia artificial sustituya a la humana es algo que no podemos predecir, pero mientras los humanos tengamos el poder sobre las máquinas, no puedo oponerme a los avances tecnológicos. Especialmente a sabiendas que, a mayor desarrollo, mayor riqueza, o al menos así lo dice el gráfico del crecimiento per cápita de la humanidad.