Una lección de Hayek en tiempos de caída en los precios del petróleo.

Hacía mucho tiempo que había leído el trabajo de Friedich Hayek llamado “El uso del conocimiento en la sociedad”, pero por mera coincidencia, me topé con esta lectura hace unos días y dediqué unos minutos a volverla a leer. Hubo una frase que particularme me llamó la atención y esta decía así:

“El todo actúa como un Mercado, no porque todos sus miembros tengan una visión de todo el campo, sino porque sus limitados campos individuales de visión traslapan suficientemente de manera que la información pertinente es comunicada a todos a través de muchos intermediarios”.

La razón que explica esto según Hayek, es que no todos los individuos somos capaces de manejar la totalidad de la información que nos rodea, en vista de que los usos que le damos a los recursos materiales que conocemos son para fines relativos que solo cada individuo conoce. Por lo que para resolver el problema económico que genera esta premisa, debe existir un sistema de precios que, de acuerdo a las reglas de la oferta y la demanda, pueda asignar un dato numérico a cada recurso, lo que le permitirá a todos los individuos conocer información que de otra forma no manejarían.

Con esta sencilla aseveración, Hayek nos hace inferir de inmediato, que los mercados reales son absolutamente incompatibles con las economías intervenidas. De hecho, para poder intervenir algo tan complejo como un mercado, se requiere de mucho poder, solo uno que una entidad como el Estado es capaz de obtener.

El gobierno de Venezuela, por ejemplo, ha hecho muy bien su trabajo interviniendo la economía en el país, y desde luego generando un destruccionismo crónico a todo lo que antes podría llamarsele mercado. Los burócratas a la cabeza siempre han visto a las economías libres como el peor enemigo para su sistema socialista.

Los burócratas venezolanos creyeron por un momento que podían manejar la totalidad del conocimiento referente al mercado, nacionalizaron el petróleo, establecieron un régimen de control de cambio, impusieron medidas de “precios justos” a los productores y comerciantes, fortalecieron las medidas arancelarias, y pare de contar. Las consecuencias fueron catastróficas para todos los venezolanos, aunque muy favorecedoras para el aparato estatal.

Ahora bien,  lo que nunca tomaron en cuenta, es que no podrían manejar toda la información referente al mercado mundial del Petróleo, del cual siempre han obtenido las ganancias para financiar su régimen socialista. Hace algunos años atrás no importaba manejar esta información, ya que la sobredemanda disparaba los precios favoreciendo notablemente al Estado. No obstante, la historia actual es todo lo contrario, ante la caída abrupta del precios del Petróleo, el aparato socialista tendrá que admitir de una vez por todas que no puede controlar la información total del mercado mundial, como si lo trata de hacer en Venezuela.

No conozco muy bien de que va la ley de atracción con el pensamiento de las que muchos hablan, pero lo cierto es que en el caso de este gobierno, después de tantos años de imaginarse al libre mercado como su peor enemigo, hoy de hecho, se ha tornado realmente en uno, ¿Ironía?

Permisos de maternidad: Una ley proteccionista muy discriminatoria

El otro día estaba conversando con alguien que trabaja tipo freelance, y esta me afirmaba que lo único que lamenta de su trabajo, era no recibir bonificaciones navideñas ni pago por utilidades en estas fechas. A lo que le respondí que si le servía de consuelo, no en todos los países la ley laboral funciona de esta manera. No existen bonificaciones extras de ningún tipo, ni siquiera por vacaciones, mucho menos permisos por maternidad, en donde a la mujer se le descuentan los días que se ausenta para dar a luz. Esto último sonó como una atrocidad a la persona, mientras que yo al contrario me quedé reflexionando.

La ley laboral, proteccionismo y discriminación.

En Venezuela, la ley obliga a las compañías a otorgar un permiso remunerado de seis meses y medio a todas aquellas empleadas embarazadas y que van a dar  a luz. Es decir, si eres mujer, acabas de firmar un contrato de trabajo y al día siguiente sales embarazada, no tendrías ni un año en tu puesto de trabajo cuando ya tendrías que ausentarte seis meses de él. Si por el contrario, eres la compañía, entonces te verías en la obligación de tener un puesto de trabajo vacío por medio año, cuyas funciones quedarán en el aire y por lo tanto deberás redistribuirlas entre otros empleados quienes ya tienen suficiente trabajo con sus propias funciones, y como si esto no fuera poco, ese puesto vacío devengará un salario mensual que por supuesto, la compañía debe pagar.

Yo soy mujer, y no tengo nada en contra de la maternindad, de hecho, la honro como unas de las cosas más valiosas que tiene el género. Pero si yo fuera una empresa que debe operar bajo estas condiciones, ciertamente me cuidaría de no contratar a ninguna mujer embarazada, ni con expectativas de tener hijos pronto. Después de todo ¿por qué habría de darle la oportunidad a alguien que deberá ausentarse por seis meses si puedo dársela  a otra persona que me garantiza mayor productividad/beneficio?.

No tengo ninguna constancia de que las empresas funcionen de esta manera en la realidad, pero de lo que si estoy segura es que si yo fuera una empresaria, tomaría las decisiones laborales de esta manera sin dudarlo.

Desde luego que esto es una premisa bastante discriminatoria, no solo hacia una raza sino hacia todo el género femenino, al que le ha costado siglos nivelar sus derechos con los del género masculino. Pero no queda duda de que lo que me incentiva como empresaria a discriminar, es una ley proteccionista que me el estado me impone. Suena bastante irónico, ya que entonces me doy cuenta que estas “leyes proteccionistas” terminan siendo incoherentes con los principios de no discriminación laboral, y además, el resultado que generan es todo lo contrario al proteccionismo que se busca, el cual en este caso se enfoca hacia la maternidad.

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Un punto de vista menos utilitario. 

De nuevo, no tengo nada en contra de la maternidad, ni mucho menos soy quién para determinar cuánto es el tiempo que debe pasar una madre con su recién nacido. Sin embargo, supongamos que la madre considera que no se quiere separar de su bebé,  en ausencia de un permiso de seis meses, sería mucho más fácil para ella tomar la decisión de renunciar a su trabajo y ser una madre de tiempo completo.

Claro que, no todas las madres pueden tomar una decisión como esta si no tienen al padre de su hijo siendo el sustento financiero, o si la base salarial no alcanza para que sólo uno lleve el sustento al hogar, lo cual es bastante común en Venezuela. Pero en ese caso sería mucho más fácil para ella conseguir trabajo y/o escalar a posiciones superiores en un futuro, en la ausencia de una ley proteccionista como la que discuto.

Me atrevo a afirmar que quizás la ausencia de esta ley proteccionista incentivaría a una mayor responsabilidad en cuanto a la reproducción y los embarazos no deseados. Del mismo modo, las mujeres se verían obligadas a establecer prioridades en su vida y planificarlas de mejor forma.  También se verían en la necesidad de buscar una manera de balancear el trabajo y la familia, antes de empezar a procrear, lo cual es perfectamente factible.

Muchos me discutirían en este momento que a eso no se le puede llamar libertad, por lo que quisiera recordar que cuando de tener hijos se trata, no sólo estamos hablando de los derechos de la mamá sino de los derechos del infante, quien no merece existir por accidente ni nacer bajo condiciones desfavorables. 

La persona freelancer con la que discutía y que mencioné al principio de éste artículo (quién por cierto era mujer), luego de escuchar todo esto concluyó afirmando lo muy afortunadas que eran las mujeres que trabajan freelance, a lo que yo le repliqué que más afortunadas aún eran aquellas que no tenían una ley proteccionista que les restara libertad directa o indirectamente.

El hombre materialista.

Quizás uno de los argumentos más comunes que he escuchado en contra del capitalismo radica en lo materialistas que se vuelven los seres humanos al desenvolverse en dicho entorno. Si no usaban “materialismo” como el término clave, entonces utilizaban “consumismo”, exponiéndolo como la peor decadencia moral que puede tener un individuo. Pero, ¿Por qué esto representaría algo malo?, ¿Por qué tiene que ser malo querer un par de zapatos nuevos de vez en cuando?, ¿Qué hay de malo con aspirar a tener mejores cosas todos los días? de acuerdo a los críticos del capitalismo, porque “entonces tu vida girará entorno a cosas materiales, harás cualquier cosa por ellas y dejarás de valorar las buenas cosas que no se compran con dinero”.

Las raíces del argumento. 

Éste era un argumento que Marx apoyó hasta el final. De hecho, a Marx le gustaba decir que el hombre se había acostumbrado a adorar “ídolos falsos” que lo desconectaba de sí mismo como el creador, y obstaculizaban su contacto con la naturaleza. Para Marx, estos ídolos falsos podían ser cualquier cosa material, desde el dinero, prendas de vestir, objetos, hasta incluso, Dios y las religiones.

Lo cierto es que si analizamos la teoría de Marx con una mayor profundidad, podremos inferir que, en la escala de valoración subjetiva del hombre, lo material siempre valdría más que cualquier otra cosa que éste tenga que dar a cambio. Arrastrándo al individuo hacia un materialismo idólatra, que lo autoenajenaba. Entonces la solución que él proponía era bastante sencilla. Había que enmancipar al hombre de la autoenajenación. Pero ¿Cómo podríamos lograr esto?, pues eliminando la propiedad privada, haciendo una aplicación positiva del comunismo, como resultado final del socialismo.

Esto me causa bastante gracia, porque en un país como Venezuela, el Gobierno se ha encargado de emancipar al hombre de la autoenajenación. Al empresario avaro que le cobra precios caros al pueblo, le ponen precios con márgenes inferiores a los de sus costos de producción. Al pueblo materialista que compra y compra, debe acostumbrarse ahora a sólo comprar lo necesario (más aún si hay escasez de productos porque ningún empresario quiere producir para perder). Pero el resultado de todo esto, es una sociedad inclusive más materialista aún.

El resultado de la emancipación. 

Daka es una tienda de electrodomésticos muy grande situada en las ciudades más importantes de todo el país. Antes solía vender una gran cantidad de productos con más o menos alguna variedad, este año sólo logró tener en sus anaqueles laptops y licuadoras, para las cuales había que dar un número de identificación al momento de la compra, ya que no permitían que compraras cierta cantidad. No sé que pasó este mes, pero resulta que lograron surtir sus anaqueles nuevamente con televisores, lavadoras, secadoras, neveras, y demás. No bastó un día para que la gente se pusiera a acampar en la cola. Si, con carpas y baños portátiles, para poder obtener el turno de entrar a comprar un televisor pantalla plana.

Entiendo que quieras tener equipos modernos en tu hogar, pero en tu escala de valoración subjetiva, ¿Un televisor vale más que hacer una cola de días en una carpa?, ¿Un televisor vale más que tu dignidad?, ahora bien, ¿No es eso lo mismo que adorar a un ídolo falso?, ¿No es eso un materialismo de la peor decadencia moral? Es en este punto en donde evidencio que aquella emancipación de la que Marx tanto nos hablaba, solo vuelve al hombre más materialista hasta el punto de cambiar su dignidad por ello.

Es aún peor cuando se tratan de bienes de primera necesidad, como la leche, jabón o shampoo, en donde las personas se ven obligadas a pasar horas en una cola, sólo por la necesidad de comprarle pañales o leche a su bebé. Cambian su dignidad no porque quieran, sino por pura necesidad.

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Caos en frente de Daka. Fotografía tomada el día 28 de Noviembre del 2014.

El hombre materialista.

En Venezuela no existe el capitalismo, la empresa privada esta casi extinta y la escasez de bienes es impresionante. Pero no conozco a un hombre más materialista que el venezolano, no por vanidoso, sino porque su vida se centra las 24 horas del día, los siete días de la semana, en algo material.

Las conversaciones comunes del día a día se tratan de lo que se consigue o no se consigue, de que si el dinero alcanza o no alcanza, de la inflación, de la devaluación, de la gasolina, y pare de contar. Tal cual una obsesión colectiva.

Repasemos nuevamente el argumento de los críticos del capitalismo, en cuanto al hombre materialista: “está mal porque tu vida girará entorno a cosas materiales, harás cualquier cosa por ellas y dejarás de valorar las buenas cosas que no se compran con dinero”. Lo cierto es que, en una sociedad en donde exista una economía de libre mercado, y por ende exista el capitalismo, el hombre al menos tendrá otras cosas en qué pensar salvo en bienes materiales.

Análisis histórico del Programa Nuclear de Irán y panorama actual

Nadie imaginaba lo que se podía obtener de la simple manipulación de un átomo, posiblemente tampoco lo imaginaron los primeros científicos que empezaron a jugar con los efectos radioactivos a finales del siglo XIX. Pero lo cierto es que poco a poco la humanidad ha ido asimilando la gran cantidad de usos, que para bien o para mal, se puede obtener de la energía nuclear.

Después de casi todo un siglo en que el mundo ha tenido la oportunidad de ahondar más en el desarrollo de la energía nuclear, los resultados que se han obtenido de ella han sido extremadamente beneficiosos o increíblemente catastróficos, pero nunca nada en el medio del espectro.

Generar suficiente energía eléctrica para mantener a un país funcionando sin la necesidad de utilizar combustibles fósiles o petróleo es algo bastante atractivo, y como si no fuera poco, a sabiendas de que una cantidad muy pequeña de uranio (combustible principal) puede representar un costo del 20% en relación a la energía que se va a generar, vuelve la idea más atractiva aun.  Adicionalmente el uso de energía nuclear se reduce los gases contaminantes ya que evade el uso completo de combustibles fósiles,  por lo que de una forma u otra, la energía nuclear contribuye a la ecológicamente al planeta (si no ocurren accidentes, claro).

Pero como el espectro muestra dos caras, una muy buena y otra muy mala, no podemos ver la realidad obviando la que no queremos ver, y es que la energía nuclear también ha causado desastres catastróficos cuyas secuelas radioactivas hacen que la recuperación del desastre sea aún más difícil. Muchos ya habrán escuchado hablar de Chernóbil y Fukushima, que sólo fueron catástrofes accidentales, pero el gran mensaje que dejaron las bombas de Hiroshima y Nagazaki, es que la energía nuclear también puede ser usada con fines bélicos, es decir, para hacer el mal de forma intencionada.

Es por esta razón que muchos países en el mundo han suscrito tratados como el de la No Proliferación de Armas Nucleares (Nuclear Non-Proliferation Treaty  NPT), y a su vez la ONU como Organización Intergubernamental se basa en la rendición de cuentas que genera la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), para hacer seguimiento de todos aquellos países que desarrollan energía nuclear, independientemente de cuales sean sus respectivos fines.

En teoría son un grupo reducido de países los que tienen permitido poseer armas nucleares, y esto se debe a que ya habían realizado un ensayo nuclear antes suscribir el NPT. Estos países son E.E.U.U., Reino Unido, Francia, Rusia y China, los mismos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero en la práctica existen otros países que desarrollan tecnología nuclear y que no han firmado este tratado nunca jamás.

Lo cierto es que en el panorama mundial actual y de hace unos cuantos años, tener energía nuclear es sinónimo de posicionamiento internacional y poder. Un gobernante que apuesta por la energía nuclear, no sólo podría garantizar beneficios energéticos increíbles a tu población, sino que también estaría posicionado en el contexto bélico a su nación para ofender o defenderse de la manera más fuerte, en caso de que fuese necesario. Si yo fuese un gobernante estatista, consideraría apostar por la energía nuclear para mi país sin duda alguna.

Análisis histórico del Programa Nuclear de Irán.

El último Shah de Irán fue un gobernante con esa visión, independientemente de cuáles fueron sus fines con la energía nuclear para la década de los 50, el Programa Nuclear de Irán contó con el apoyo de Estados Unidos en aquel momento, como parte del programa “Átomos por la paz”. Posteriormente en la década de los 70, Irán y Estados Unidos ya tenían un programa llamado U.S. – Irán Nuclear Cooperation, que más tarde les permitiría compra una facilidad para la extracción de plutonio, el cual desde luego les permitió manejar grandes cantidades de este material para finales de la década.

Suena muy extraño asimilar este hecho a sabiendas de que el Programa Nuclear de Irán ha sido fuertemente atacado por Estados Unidos en los últimos años. Si observamos los hechos históricos, entenderemos que fue un suceso en específico el que redefinió la historia de este Plan Nuclear (y quién sabe si sus fines también). Fue la Revolución Iraní y la caída de la monarquía del Shah en 1979, lo que causó que Estados Unidos y muchos otros países como Francia le dieron la espalda a este Plan Nuclear,  con una posición que conservarían hasta la actualidad. Entonces nace la gran pregunta ¿qué salió mal?,

El cambio en el panorama de ideas políticas que provocó la Revolución de 1979, fue lo que salió mal.

Si bien es cierto que Mohamad Reza Pahlavi, el último Shah de Irán se caracterizaba por mantener un régimen totalitario, que atraía mucho descontento popular, su reinado de corte laico parecía no tener problema alguno con Occidente, lo que indicaba que el Programa Nuclear realmente podía ser usado para fines energéticos. Mientras que el Ayatollah Khomeini, quien lideró la Revolución Iraní del 79 y fundó el Estado Islámico de Irán, estableció una serie de reformas políticas que se basaban en instaurar la Sharía (Ley Islámica), y detener la occidentalización que ya se había dado en el país.

El Ayatollah quiso detener la occidentalización en Irán en todos los aspectos, salvo en el ámbito nuclear. Quizás esto haya una de las pocas cosas que el Sha y el Ayatollah Khomeini tendrían en común, puesto que los planes de continuar con el Programa siempre se mantuvieron en pie a pesar de la Revolución, solo que ahora ante los ojos de Occidente, brindar el apoyo nuclear a Irán podría ser tan riesgoso como presenciar los resultados del espectro negativo del armamento nuclear.

Seguramente el hábil lector se preguntará, y ¿qué tiene que ver la detención de la occidentalización en un país con la utilización de tecnología nuclear para fines armamentísticos?, En teoría nada, de hecho si tomamos el término Occidente como sinónimo de desarrollo, esta premisa sería contradictoria. No obstante, en el caso de Irán la historia ha comprobado que al alejarse de Occidente y centrarse en un ideología fundamentalista, han adquirido intereses políticos que pretenden alcanzar por medio del uso sistemático de la violencia.

Es un hecho fehaciente que la organización política Hezbollah instalada en el Líbano, recibe financiamiento y armamento del gobierno de Irán. Además de ser una organización política, Hezbollah también posee un brazo armado al cual se le atribuyen atentados terroristas realizados en Argentina, como si no fuera poco, investigaciones de grupos de inteligencia aseveran que la red de Hezbollah tiene un alcance internacional, la cual guarda relación con guerrillas armadas y cárteles de droga.  Con esto no pretendo insinuar nada, sino mostrarlo como una evidencia de los medios por los cuales el gobierno de Irán obtiene sus fines.

Ahora bien, a pesar del apoyo casi inexistente con el que contó Irán para ejecutar su Programa, y las dificultades que la Guerra del Golfo representó para el país al finalizar la década de los 80, estos eventualmente continuaron con su plan rindiéndole cuentas a la AIEA.

Panorama Actual. 

Para el año 2009 uno de los principales contribuyentes de este Programa fue Venezuela, anunciado por el mismo Hugo Chávez, a lo que muchas reportes sugerían que esta alianza estratégica ayudaba a Irán a obtener uranio, evadiendo las sanciones económicas que Estados Unidos había impuesto previamente. En el año 2011, uno de los informes de la AIEA mostraba que Irán había adquirido información sobre cómo metalizar el uranio para fabricar una bomba atómica, lo que generó sanciones por parte de Estados Unidos y diversos organismos internacionales.

A pesar de las sanciones e inspecciones de la AIEA, hace dos días Rusia anunció la construcción de ocho reactores nucleares en Teherán –noticia que motivó la redacción de este artículo-. La noticia de BBC resaltaba que el proyecto generará reportes de las inspecciones de la Agencia, lo cual no debería significa mucho motivo de tranquilidad para la Occidente.

Solo el tiempo nos dirá si los pronósticos negativos de E.E.U.U tuvieron la razón, o si siempre hemos juzgado mal a Irán, pero sólo observando la historia y la magnitud de lo que significa desarrollar tecnología nuclear, pareciera muy simple encajar las piezas del rompecabezas.

Lo cierto es que mientras pasa el tiempo, es cada es más evidente que las sanciones por medio de organismos internacionales no serán un método efectivo para detener los aparentes fines negativos que este Programa Nuclear pueda tener.

El problema de estos métodos diplomáticos para sancionar países, es que fueron creados por naciones que se rigen bajo un imperio de ley en el seno de un organismo intergubernamental, por lo tanto esperan que todos los demás países en el mundo se rijan bajo las mismas implicaciones. Esperan que un castigo por romper un acuerdo contractual pueda reivindicar al mismo, pero todo esto resulta en vano, porque en un país en donde no hay diferencia entre ley, religión y política, no se le puede dar un tratamiento a los acuerdos bajo los medios de la razón. Con este argumento no justifico que se deban utilizar métodos coercitivos como la guerra o la violencia sistemática en su lugar, pero si pretendo evidenciar la inutilidad que los Organismos Internacionales cuando se trata de mediar en conflictos tan complejos.

Deformaciones morales del venezolano promedio.

Del lugar de donde vengo, estamos acostumbrados a ver personas y niños pobres en las calles pidiendo dinero todos los días, es algo tan común, que  la mayoría de la gente ha dejado de preocuparse por el tema, han perdido la capacidad de asombro e incluso, consideran que darles dinero es algo malo ya que terminamos contribuyendo más a su pobreza.

Hace poco estaba entrando en una farmacia de mi ciudad, y en la entrada me encuentro a una mamá con su hijo, ambos con muy mal aspecto pedían dinero, a lo que mucha gente les ignoraba. Cuando me tocó pasar a mí, la mama con cara de desesperación me pidió que le ayudara a comprar una mezcla de cereal procesado para alimentar a su niño, debo admitir que me rompió el corazón, porque después de todo ella no me estaba pidiendo dinero, sólo me estaba pidiendo alimento, de forma directa y tangible.

Una vez en la farmacia y después de varias dudas, compré el alimento el cuál le entregué al salir. Pero para mi sorpresa la cara de la mujer cambió al entregarle el cereal en cuestión, su semblante de desespero pasó a ser uno de vileza, como si todo hubiese sido un juego y ella me hubiese ganado, aun así me dio las gracias con una gran sonrisa pícara en la cara.

Luego de eso no pude evitar pensar en esa reacción, por lo que llegaron muchas preguntas a mi mente: ¿Realmente necesitaba alimentar a su hijo?, ¿me habrá manipulado?, ¿y si sólo quiere revender ese cereal? (lo cual es una práctica muy común aquí), ¿Habré hecho mal al comprárselo?  En lugar de sentir que ayudé a alguien, sentí que se aprovecharon de mí. Entonces concluí que no era mi problema lo que ella haría con el alimento y decidí que debía  parar con las preguntas.  Instantáneamente me sorprendí cuando asimilé todos los juicios que yo misma había ejercido sobre la mujer e incluso sobre mi misma, por haber hecho lo que mi instinto me dijo que hiciera en ese momento.

Independientemente de si hice bien o mal a la mujer, de si contribuí o no a su pobreza, debo reconocer que lo que quise hacer como un acto de caridad terminó siendo para mí un acto de juicio, y me asombré sobre cómo es que cada vez nos cuesta confiar en otra persona porque vemos el oportunismo en todos lados.

He escuchado millones de veces que el gran problema que vivimos se debe a nuestra cultura, pero considero que atribuirle la causa a esta variable es ver el problema desde la perspectiva errada, puesto que la cultura que hoy tenemos no es una causa sino una consecuencia de lo que hemos tenido, o mejor dicho, de lo que nunca hemos tenido como el estado de derecho, y de lo que estamos dejando de tener, como la propiedad privada.

En carencia de estas dos vertientes esenciales, emergerá el oportunismo del superviviente más fuerte, así como los animales de la selva. De ello nacerá una cultura de oportunismo que todos repudiaremos y juzgaremos, pero que lamentablemente no seremos capaces de cambiar porque siempre la veremos como una causa y continuaremos ignorando a la verdadera y legítima.

Si no nos hubiese faltado el estado de derecho y la propiedad privada, posiblemente hoy no tendríamos prejuicios sobre si los demás se aprovechan de nosotros o no, porque no existiría gente que quisiera aprovecharse. Pero de lo que si estoy segura, es que la pobreza no abundaría en las calles porque en lugar de estar en un entorno en donde se luchar por sobrevivir como en una selva, estaríamos en uno de mayor cooperación mutua, en donde existe un respeto por los acuerdos contractuales, las leyes y la propiedad privada.

Antiguo ensayo sobre el petróleo y la política Venezolana.

La cura.

Autor: Voltairine de Cleyre.

“El control de la producción total de riqueza,  es el control de la vida humana misma”- Hilaire Belloc

“El monetarismo del Banco Central de Venezuela apunta al descalabro de la clase media” – “Movimiento de Economistas Críticos” – El Nacional (1983)

Este trabajo fue realizado en el mes de Octubre del año 2013. 

Quizás la única solución en la mente de  muchos venezolanos para los problemas económicos se encuentra en la salida del actual gobierno, pero no puedo evitar cuestionarme si ésta es la verdadera y la única por sobre todas las demás. Lo que hace cincuenta años se consideraba como “La Venezuela Saudita” es hoy un país que lucha contra una inflación anual mayor al 20%[1], cuya economía solo ha estado acompañada de un sin fin de políticas monetarias y fiscales que no sólo dificultan la prosperidad de los venezolanos, sino que actúan como los principales fabricantes de miseria[2].

El profesor Hugo Faría en uno de sus estudios[3], describe a la economía venezolana en dos fases, la primera de ella va desde el año 1920 hasta 1957, lo que llama un “crecimiento milagroso”, y la segunda que va desde 1958 hasta 2006 (año del estudio), en donde concluye que el país se dirigió a un modelo socialista y mercantilista a la vez, cuya persistencia ha causado un efecto indudablemente negativo en el mercado. De hecho, el mismo Faría con el profesor Carlos Sabino en su obra sobre la inflación[4], afirman que en Venezuela a mediados de los setenta, se empezó a propagar aquella enfermedad económica “como nunca el país había visto”, luego de haber gozado una estabilidad de precios durante las pasadas décadas. Si todo parecía ir bien, entonces ¿Qué salió mal?, ¿Podría un cambio de presidente revertir esto?

El hecho trascendental.

Desde 1943 se hablaba de una nacionalización del petróleo, pero esto no se hizo factible hasta el primer mandato de Carlos Andrés Pérez en 1975[5]. A pesar de que en ese momento se dejaron posibilidades abiertas para convenios privados en el futuro, los hechos históricos prueban que esta nacionalización petrolera fue el inicio de una economía de planificación central, y de una inevitable tendencia a la monopolización estatal de los recursos naturales. Para los que piensan que no hay nada malo con un monopolio de estado, Friedrich Hayek aclara; “El mecanismo del monopolio se identifica con el mecanismo de estado, y el propósito del estado se identifica más  y más con los intereses de quienes manejan las cosas y menos con los del pueblo general[6], es decir, que los últimos en verse realmente “beneficiados” de esta nacionalización serían los mismos venezolanos. De hecho, la evidencia revela que fue esta estatización del petróleo, la principal arma de populismo utilizada por nuestros gobernantes, invalidando automáticamente al libre mercado, y lisiando al pueblo venezolano de muchas generaciones de riquezas, crecimiento económico y desarrollo.

Siendo el petróleo el mayor bien nacional de exportación, no es un secreto que la riqueza en Venezuela dependa de las decisiones del Banco Central (BCV), a cuenta de las ganancias reportadas por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)[7], las cuales a su vez, están sujetas a las medidas establecidas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)[8]. He allí pues, la magnitud de la burocracia existente en la principal dinámica económica del país.

Venezuela, del intervencionismo a la servidumbre.

El Fraser Institute dentro de su estudio anual sobre libertad económica en el mundo[9], toma en cuenta indicadores sobre el tamaño de gobierno, sistema legal y derechos de propiedad, crecimiento del dinero, libertad para el comercio internacional y regulaciones. En el caso de Venezuela, la tendencia indica a una reducción de libertad económica desde 1970 hasta 2011, empezando con 7.31 puntos hasta finalizar con 3.74, lo cual equivale a casi la mitad de la calificación inicial. Asimismo en el índice de posición global del 2011, Venezuela se ubicó en el último puesto de los 152 países que son evaluados dentro de este estudio[10], sin duda un escenario muy poco prometedor, y muy poco sorprendente también, observando el comportamiento de la economía venezolana de los últimos cuarenta años.

Con la nacionalización del petróleo a mediados de los setenta, Faría explica que a pesar de las ganancias fiscales causadas por éste boom, el gobierno alborotó una gran deuda cuyo fin fue financiar a las nuevas compañías del estado[11], y fue a partir de este momento que los venezolanos comenzamos a pagar por las consecuencias de las malas decisiones de nuestros gobernantes de turno, por ello vale la pena citar al Prof. Alberto Benegas Lynch quién afirma que “la deuda pública es completamente incompatible con la libertad”[12], puesto que su premisa se vería reflejada en el país durante los siguientes años.

Para inicios de los ochenta, ya se veía una inflación de 21.6%, un control de precios y además, una deuda externa en crecimiento. El Prof. Luis José Silva Luongo alega que en aquella época “ya estaba claro que el gobierno nacional (a la cabeza de Luis Herrera Campins), no obstante el valor de las exportaciones petroleras, no podía rebajar la deuda heredada[13], desencadenando así un evento que todos los venezolanos recuerdan como el viernes negro (1983), aquella abrupta devaluación de la moneda frente al dólar gracias al debilitamiento del mercado petrolero y la gran deuda acumulada, su resultado fue una intervención de las divisas con el control cambiario, con el fin de evitar la fuga de las mismas al exterior.

En 1988 la inflación había alcanzado un 29.5%, y a raíz de esto el presidente Carlos Andrés Pérez, en el arribo de su segundo mandato al siguiente año, propuso una serie de medidas económicas como las de liberalizar tasas de interés, flexibilizar el sistema cambiario, reducir la política arancelaria y el gasto público, y –entre otras- aumentar el precio de la gasolina[14], pero esta última fue todo un sacrilegio para el pueblo, quien en su conciencia colectiva ya suponía que el petróleo era un bien nacional y por ende el aumento que se reflejaba en los pasajes de los transportes era inconcebible, desencadenando “el caracazo”, otro evento amargo en la historia venezolana del siglo XX.

La década de los noventa comenzó con el debilitamiento del mercado petrolero y todo el déficit presupuestario que le antecedía a ello, resultado fehaciente del intervencionismo de años anteriores, pese a esto la solución fue irónicamente tratar el problema interviniendo más, con la apertura de nuevas leyes y más políticas fiscales. Luego de los primeros cinco años de una economía truncada, se da bajo el segundo mandato de Rafael Caldera, una apertura petrolera, en donde se permitió la entrada de empresas privadas extranjeras para desarrollar nuevamente esta área, fue ciertamente algo positivo para la expansión de la producción de hidrocarburos, aunque esto ya no sería suficiente para librar al país de las catastróficas secuelas del pasado, pues en 1996 la inflación subió a un 103.9% y con la gran caída de los precios del petróleo más tarde en 1998, el sector privado de producción sólo se contrajo aún más, (considerando que éstos indicadores ya había decrecido a niveles negativos desde 1995)[15].

A inicios del siglo XXI, bajo el mandato de Hugo Chávez Frías, un paro de PDVSA  fue suficiente para paralizar al país en 2002, sin embargo tras la nueva organización directiva (menos opositora y más aliada al estatismo)[16], la compañía fue utilizada como principal instrumento para el populismo bajo la condición de “Petróleo para el pueblo”[17], y a través de esto se asignaron recursos para las misiones sociales,  “petro-casas”, y otras regalías que redujeron artificialmente los índices de pobreza y planificaron la vida de sus beneficiarios. Hayek explicaba que “Las esperanzas que en la planificación ponen no son una visión amplia de la sociedad, sino más bien una limitada”[18], debido a los impedimentos que el poderío económico estatal, impone al individuo en contra del desarrollo de su propia riqueza. El mismo Hayek advertía que el poder económico centralizado “crea un grado de dependencia que apenas se distingue de la esclavitud”[19], es así como la capacidad para prosperar del venezolano pobre se ve lesionada, incapaz de ver más allá, empieza a caer en una completa sumisión. Adicionalmente, están las devaluaciones monetarias que disparan inflación, seguida de absurdas políticas de regulación de precios, Mises predijo acertadamente la situación de Venezuela al explicar que “quienes han vivido épocas de guerra o de inflación, bien saben en qué pararon los innumerables intentos gubernamentales de fijación de precios (escasez y desabastecimiento)”[20]. Cualquier venezolano puede afirmarle lo engorroso que es conseguir un producto de primera necesidad bajo la escasez actual, éste también puede hablarle sobre todas las regulaciones que hay para las empresas privadas, lo difícil que es obtener divisas, la aventura que implica adquirir un carro nuevo, las numerosas políticas fiscales, los constantes racionamientos de los servicios públicos, y pare de contar.

Todo esto concluye en una sola cosa, Venezuela ha pasado del intervencionismo a la servidumbre de la que Hayek tanto nos alertó, siendo el petróleo el principal pretexto del estado.

La culpa no es del petróleo.

Muchos pensadores venezolanos le han dado connotaciones negativas al petróleo, el Dr. Juan Pablo Pérez Alfonso se refería a éste como “el excremento del diablo”[21], y el escritor Arturo Uslar Pietri nos advertía que muy probablemente llegará el día en que Venezuela será recordada como que “Colón la descubrió, Bolívar la liberó y el petróleo la pudrió[22], sin duda alguna, estos pensadores con el poder de sus ideas han logrado influenciar desfavorablemente a la creencia de los individuos, y en este sentido Silva Luongo describe “…y los venezolanos a quienes realmente les duele una mentalidad rentista y la vida fácil proporcionada por una riqueza no trabajada como la del petróleo”[23]. Sin embargo culpar a un recurso natural de todos nuestros males, es una excusa muy sosa, de hecho es tener una perspectiva errada de la realidad.

Sin ningún ánimo de desacreditar a los pensadores citados, permítame aclararle, estimado lector, que el petróleo no ha sido una maldición dándonos riqueza fácil, fue el estado quién decidió hacer de él una riqueza fácil, al nacionalizarlo y usarlo como medio para hacer promesas incumplidas. Ahora somos los individuos quienes por medios coercitivos, pagamos las consecuencias que esto supone. Tener Petróleo en eso que llamamos Venezuela no es una maldición, sino una bendición.

La perversa retórica del nacionalismo. 

El novelista Rufino Blanco Fombona, en su obra “La Bella y la Fiera” narró el escenario de explotación a los trabajadores venezolanos por parte de empresarios internacionales[24], quizás éste fue el inicio de toda una era de repudio hacia aquellos “gringos capitalistas”, el mismo Dr. Juan Pablo Pérez Alfonso hablaba de una “visión nacionalista de la política petrolera del siglo XX[25], exigiendo más intervención del estado sobre este recurso natural, pero quizás todo esto sólo fue una falacia. Cuando de nacionalismo se trata, los gobernantes pueden hacer de su concepto algo muy abstracto, el pensar que “ningún extranjero debe tomar nuestro petróleo” no implica un concepto real de nacionalismo, sino una perversa retórica creada por nuestros gobernantes, que está muy alejada de la realidad. El abogado Axel Kaiser habla en uno de sus libros, sobre cómo algunos políticos han envenenado el lenguaje trasmitido a las masas, con el fin de transformar ideas, y habla del discurso político ideológico como un proceso mediante el cual  “las personas, sin darse cuenta, modifican su comprensión del mundo y por tanto su opinión del mundo. Dicho de otra forma, sus cerebros son lavados[26]”. Entonces, ¿Nos han lavado el cerebro sin darnos cuenta?

Para entender un concepto libre de romanticismos, el economista Jesús Huerta de Soto analiza la teoría sobre el nacionalismo liberal, haciendo una diferencia muy marcada entre el nacionalismo y el nacionalsocialismo, este último muy usado por los políticos bajo el otro nombre. Define una nación como un “orden espontáneo, nido de interacciones humanas”, y remarca la necesaria libertad de comercio entre naciones como uno de los principios básicos[27]. Esto supone la incompatibilidad existente entre la estatización de un recurso natural (con las restricciones económicas que la acompañan), y el concepto objetivo de nacionalismo interpretado por Huerta de Soto. En efecto, la estatización de un recurso natural bajo un pretexto “nacionalista”, más bien guarda mucha consonancia con la teoría del discurso político ideológico que Kaiser plantea.

Estatizar un recurso natural para mantenerlo alejado de las empresas privadas extranjeras no es nacionalismo, es nacionalsocialismo, envidia y hasta un complejo de inferioridad. No en vano, el escritor Guillermo Rodríguez González legitima a la envidia como axioma moral para el socialismo[28].

Si el petróleo es un “bien nacional”, entonces no tendría nada de malo querer lo mejor para éste, es decir, confiarle bajo parámetros justos su extracción y refinación a una empresa privada de alta tecnología, la cual pueda mostrarle un poco de desarrollo al país e incentivarlo a prosperar. No a una empresa del estado que registraría 30 derrames petroleros[29], una explosión y un incendio en dos de sus refinerías dentro de un período de siete años [30], y que además, sería un instrumento privativo de libertad económica. Respecto a la diferencia que se plantea entre la gestión de una empresa privada y una estatal, Mises explicaba que una vez que una propiedad ha sido socializada “los sujetos económicos dejan de operar en busca del benficio… limitándose a seguir ineludibles instrucciones administrativas” y luego demostraba que “es el capitalismo el padre de la tecnología, no a la inversa”[31], de nuevo la apreciación de Mises no falló. Dicho esto, ¿cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar para que el estado garantice que el petróleo sea “nuestro”?

Una cura para Venezuela.

En Venezuela siempre se han puesto muchísimas expectativas en los gobernantes, lo cual ha sido igual a una carga autodestructiva. Porque a través de esas expectativas nace el pretexto de intervencionismo y populismo por parte del estado, más aún teniendo bajo su control un recurso como el petróleo.

La verdadera cura para nuestra economía es convertir al petróleo (y todos los demás recursos estatizados) en un bien privado, esto invalidará el populismo estatal, así como todas sus regulaciones, fomentaría la competencia con el desarrollo empresarial, desmembrará una gran parte de la corrupción y posteriormente daría apertura al inicio de una hermosa economía de libre mercado. Pero para que esto ocurra, el mundo de las ideas en Venezuela tiene que cambiar, se trata de liberarnos de esas falsedades heredadas y dejar a un lado las expectativas del gobierno benefactor. En lugar de anhelar a un “mecías salvador”, debemos procurar conseguir un estado de derecho y una mayor libertad económica. No es fácil, no ocurriría de la noche a la mañana, pero la concientización es el primer paso, y sin duda eso es lo que revertiría poco a poco la compleja situación proveniente de las últimas décadas, así, incluso los más pobres podrán prosperar bajo sus propios medios y virtudes. Con mucha razón Milton Friedman creía en la libertad económica como agente principal del desarrollo y de la superación de la pobreza[32].

Si luego de leer este ensayo usted aún tiene renuencia y escepticismo hacia la privatización, permítame resaltar como en Reino Unido fue posible la privatización de recursos naturales anteriormente nacionalizados, con Margareth Tatcher como primera ministra, impulsando la economía británica contra muchos pronósticos[33].

La economía venezolana en las últimas décadas, no ha crecido de forma sostenible, por el contrario, ha decrecido de forma sostenible. Dicho esto, le pregunto estimado lector, ¿no cree usted que es momento de tomar una nueva dirección.

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[1] Informe económico del Banco Central de Venezuela. En: www.bcv.org.ve

[2] Plinio A. Mendoza, Carlos A. Montaner, Alvaro Vargas Llosa, Fabricantes de miseria, 1998.

[3] Hugo J. Faría, Hugo Chavez against the Backdrop of Venezuelan Economic and Political History. En:  http://www.independent.org/pdf/tir/tir_12_04_2_faria.pdf

[4] Hugo J. Faría, Carlos Sabino, La inflación, qué es y cómo eliminarla. En: http://paginas.ufm.edu/sabino/word/inflacion.pdf

[5]  Petróleos de Venezuela S.A. De la privatización a la nacionalización de la industria petrolera en Venezuela. En: www.pdvsa.com

[6] Friedrich Hayek, Caminos de Servidumbre. Ciencia Política Alianza Editorial, p. 241.

[7]  Ver: BCV, ¿Qué son las reservas internacionales? ,  http://www.bcv.org.ve/reservas/reservas.htm

[8]La OPEP es un organismo intergubernamental que busca la unificación  de las políticas del crudo, implícitamente anulando el orden espontáneo que la competencia de libre mercado ofrece.

[9] Fraser Institute. Informe anual de libertad económica en el mundo. 2013. En: www.fraserinstitute.org

[10] Ibíd., p. 2-28.

[11] Hugo J. Faría, Hugo Chavez against the Backdrop of Venezuelan Economic and Political History, p. 5.

[12] Alberto Benegas Lynch, ¿Qué es liberalismo?,  Universidad Francisco Marroquín 2011. En: http://www.youtube.com/watch?v=51S2ZHnrhY0

[13] Luis José Silva Luongo, De Herrera Campins a Chávez, Editorial Alfa 2007, p. 48-50.

[14] Ibíd., p. 220-255.

[15] Ibíd., p. 416-492.

[16] PDVSA. El sabotaje contra la industria petrolera nacional. En: www.pdvsa.com

[17] Ver: Petroleo para el pueblo, http://www.pdvsa.com/index.php?tpl=interface.sp/design/readmenuprinc2.tpl.html&newsid_temas=38

[18] Friedrich Hayek, Caminos de Servidumbre,  Ciencia Política Alianza Editorial, p. 87.

[19] Ibíd., p,183.

[20] Ludwig Von Mises, Liberalismo, Planeta-Agostini, p. 104.

[21] Ver: http://www.bcv.org.ve/c1/Publicaciones.asp?Codigo=9744&Operacion=2&Sec=False

[22]  Ver: http://www.eluniversal.com/2007/10/22/opi_art_constitucion-pueblo_533790

[23] Luis José Silva Luongo, De Herrera Campins a Chávez. Editorial Alfa 2007, p. 253.

[24] Ver: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/15833/2/capitulo4.pdf

[25] Juan Pablo Pérez Alfonso, Una visión nacionalista de la política petrolera del siglo X, En: www.pdvsa.com

[26] Axel Kaiser, La fatal ignorancia, editorial Instituto Democracia y Mercado 2012,  p. 40.

[27] Jesus Huerta de Soto. Teoría del nacionalismo Liberal. En:  www.jesushuertadesoto.com

[28] Guillermo Rodríguez González. Libres de envidia. En: www.caminosdelibertad.com

[29] El Diario La Verdad registró 30 derrames de petróleo por parte de PDVSA de 2005 a 2012. Ver: http://www.laverdad.com/economia/8951-doce-derrames-de-petroleo-lleva-pdvsa-en-2012.html

[30] Por la fecha de publicación del artículo anterior, no se reportó la explosión en la refinería de Amuay ni el incendio de la refinería El Palito.

[31] Ludwig Von Mises. Liberalismo. Planeta-Agostini, p. 86-113.

[32] Milton Friedman, José Piñera, Sergio de Castro, Axel Kaiser, Jaime Bellolio, Angel Soto, Un legado de libertad, Milton Friedman en Chile, Fundación para el Progreso 2012, p. 9.

[33] Ver: Privatization in the United Kingdom under Tatcher’s Government, San Jose State University,  http://www.sjsu.edu/faculty/watkins/privUK.htm

Un análisis al mensaje de Malala: Las dos caras del derecho a la educación.

Malala Yousafzai, quien hace 2 años fue herida de bala en la cabeza por parte de grupos fundamentalistas islámicos por proclamar su derecho a la educación en su condición femenina, fue el pasado viernes acreedora  de un Premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la persona más joven en obtenerlo gracias a su lucha en contra del radicalismo y en favor del derecho a la educación de las mujeres.

Se me hace muy curioso el caso de Malala, ya que su mensaje conmovedor podría estar propenso a que se observe el problema desde dos perspectivas distintas  las cuales describiré más adelante, sin embargo, a raíz de eso no puedo evitar cuestionarme, ¿Debemos garantizar la educación como un derecho?, O ¿Deberíamos permitir la libre elección a la educación como un derecho?

Imaginemos por un momento que queremos ejecutar la acción de educar a un individuo, para ello, necesitaremos establecer un tema sobre el cual instruirlo; acto seguido, necesitaremos buscar a un profesor que esté capacitado para enseñar sobre este tema; posteriormente deberemos dotar al profesor e individuo de instrumentos que faciliten el proceso educativo, como por ejemplo, libros; y por último, habrá que buscar un espacio cuyas condiciones estén dadas para ejecutar un proceso de aprendizaje efectivo como en un salón de clases. Pareciera un proceso muy sencillo hasta que nos encontramos con el siguiente impedimento, ¿Cómo pagaremos a los profesores, los libros y la construcción de un salón de clase?, claramente el profesor, ni el constructor, ni el librero prestarán sus bienes o servicios gratis, y si decidieran hacerlo como un acto de caridad, entonces deberemos enfrentar otro problema, ¿Cuántos individuos podrán beneficiarse de estas clases? , posiblemente no todos ya que el espacio sería limitado.

El gran problema dentro de este acertijo, es que la educación califica como un bien económico, y a su vez resulta una realidad innegable que los bienes económicos son escasos, por lo que ¿podrán todos beneficiarse de su derecho aun siendo escaso?

Adicionalmente, si configuramos un bien económico como un derecho,  al menos en el caso de la educación, alguien tendrá que ocuparse de establecer los programas de aprendizaje, buscar profesores, dotar de material y construir salones de clase, es decir, estaríamos convirtiendo nuestro “derecho” en una acción que debe ser satisfecha primero por alguien más. Esto es lo que mejor se conoce como derecho positivo, o como a mí a veces me gusta llamarle “derecho-dependencia”.

¿Y qué pasa con aquellos que simplemente no quieren educarse?, ¿Cómo garantizarle un derecho a alguien que no quiere hacer uso de él?, Entonces ya no debería considerarse como un derecho.

Ahora bien, no creo que el mensaje de Malala se refiera a lo que el término de derecho positivo sugiere. De hecho, considero que su lucha radica en el hecho de que no se le prohíba su libre elección a educarse, lo cual resulta extremadamente diferente a lo que antes mencionaba.

Es muy importante establecer esta diferencia, ya que  si mi interpretación es acertada, entonces estaríamos refiriéndonos a los derechos negativos, los cuales podemos ejercer sin necesidad de la acción de alguien más.

Resulta un poco preocupante tratar de pronosticar por cuál de las dos aristas será visto el mensaje de Malala, puesto que esta valiente Joven que ha impactado al mundo, ya ha comienza a ser un icono de influencia, al menos en el mundo de las ideas fundamentalistas del Islam.

Aun así, si observamos el mensaje de Malala desde la perspectiva de la libre elección, notaremos el gran valor que posee, considerando que ella creció en un entorno en donde no hubo puntos de comparación que le permitiesen pensar en un cambio más allá de su religión.

Malala

¿Quién paga la deuda externa?

La razón por la que una caída abrupta en los precios de bonos resulta un indicador tan preocupante, es porque financieramente, cuando un deudor no está en capacidad de pagar su deuda, ésta se califica como una de alto riesgo, y por supuesto que bajo esas condiciones, nadie querrá ser el acreedor, por ello los precios de los bonos caen y los intereses se disparan.  Si el deudor entra en una cesación de pagos, o también calificado como “default”, el acreedor procederá a confiscar activos que equiparen el valor de la deuda, lo cual podría significar una consecuencia catastrófica, entonces a partir de esta etapa el deudor se ve en la necesidad de obtener la liquidez requerida de donde sea posible, para honrar la deuda.

Hace un mes nos encontrábamos a la expectativa de que el Gobierno de Venezuela pudiese entrar en un default. Con la caída de los precios de los bonos, corroboramos que el Estado Venezolano es un deudor riesgoso, y ante la posibilidad de caer en la cesación de pagos fue mucha la incertidumbre generada, considerando que las posibles consecuencias sería el congelamiento de activos en el exterior. Una historia que ya todos conocemos.

¿Quién paga por esta deuda?

Luis Vicente León afirmó que no creía que el Gobierno permitiese una cesación de pagos, y al haber llegado Octubre, el mes decisivo, podemos corroborar lo que León tanto aseveró, puesto que ya se reportan transferencia s a los tenedores de bono provenientes de los fondos de las reservas internacionales.  Pero realmente, ¿Quiénes están pagando por esta deuda?, pues, obviamente, todos los venezolanos.

Me parece curioso ya que, a sabiendas de que el estado se endeuda a costa de todos los venezolanos sin beneficio alguno para ellos, también paga la deuda por medio de las restricciones que les coloca, entonces no puedo evitar preguntarme, ¿Cuál es el fin del Estado para con los individuos?, resulta muy irónico asimilar que si bien los venezolanos procuran tener un estado paternalista, aquí pareciera de hecho todo lo contrario, los individuos son los padres del estado al asumir la deuda que éste acumula, ¿Para cumplir cuál fin?, pues ninguno que beneficie a los individuos sino uno que beneficial al mismo Estado.

Francisco Ibarra afirma que la deuda externa no tiene nada que ver con las deudas internas que el  Gobierno debe honrar con empresarios, estudiantes cursando programas en el exterior, y demás, pero si nos detenemos a evaluar el flujograma del BCV sobre el flujo de las reservas internacionales, entenderemos que realmente esta deuda sale del bolsillo de todos por igual, sobretodo atendiendo a la premisa de que “El petróleo es de todos”.

Un pronóstico no tan prometedor.

Hoy por hoy tenemos la sensación de que no caeremos en un default, pero lo más probable es que el estado vuelva a hacer uso del tradicional mecanismo nefasto para autofinanciarse, al utilizar su poder coercitivo para expandir la masa monetaria. No me sorprendería ver una devaluación a la vuelta de la esquina, ya que eventualmente el Gobierno se verá en la necesidad de producir más dinero.

Claro está que serán los individuos venezolanos quienes una vez más, pagarán las consecuencias de  una economía intervenida.

Círculo Bastiat: “Instituciones y Libre Mercado. Una mirada desde Douglass North”.

Tuve la oportunidad de asistir al pasado Círculo Bastiat oganizado por CEDICE Jóven, en donde el tema central fue “Instituciones y Libre Mercado. Una mirada desde Douglass North”, cuya ponencia vino de la mano de David Ceccato Grau.

Asimismo, un grupo de jóvenes sin distinción de ideologías, nos reunimos para escuchar la ponencia y hacer intervenciones con nuestros comentarios al final.

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¿Qué es una Institución?, fue la primera pregunta que se planteó en la ponencia. Ésta se definió como las restricciones que surgen de la inventiva humana, de la elección colectiva de la sociedad dependiendo de su historia, y se caracterizaron por ser endógenas a la misma. Asimismo, se hizo una conexión de causalidad entre las Instituciones, el poder político y la distribución de recursos.   

 

De acuerdo a Doulgas North, las Instituciones son “Las Reglas del juego en la sociedad. Ellas van a estructurar los incentivos de la misma”, entonces considerando que los humanos nos regimos bajo incentivos, de las Instituciones dependerá lo que haremos o no como individuos, es decir, de ellas dependerá nuestro desarrollo, el cual no será posible sin el libre mercado. El mismo ponente hizo referencia a este argumento al afirmar que “Aquella Institución buena será relacionada como una que traiga desarrollo de todo tipo (económico, político, cultural)”.

Por lo que creo que el mensaje intrínseco que este Círculo Bastiat me dejó, fue la gran importancia que tienen las Instituciones en las sociedades, y que nosotros, como jóvenes, deberíamos prestar un poco más de atención.

Fue sin duda una ponencia muy interesante y altamente académica. Sin embargo, el punto que captura especialmente mi atención mientras reviso mis apuntes, fue la aseveración de que no hay una relación definida de causalidad entre instituciones y desarrollo, ya que caer en este debate sería como tratar de descifrar qué vino primero, el huevo o la gallina. Recuerdo que fue un foco de discusión en la ronda de preguntas, y sobre ella me gustaría hacer una reflexión personal.

Particularmente considero que comparar la relación de causalidad entre Instituciones o Desarrollo con el debate del huevo y la gallina es agregar una perspectiva relativista la cual no comparto mucho (y creo que fue en lo único que pude diferir). Si el desarrollo proviene del libre mercado, y éste a su vez proviene de los incentivos individuales, entonces deben existir instituciones que estructuren incentivos de conformidad con lo anteriormente nombrado. Con esto insinúo que posiblemente las Instituciones hayan sido las predecesoras al desarrollo, pero claramente sólo aquellas que vayan de la mano con la libertad.

David Boaz en su trabajo Las Raíces del Liberalismo, hace una referencia implícita de esta relación de causalidad, mientras explicaba una de las razones por las que ocurrió el descenso del liberalismo  y un nuevo camino hacia el colectivismo a finales del siglo XIX,  “Los americanos y los británicos nacidos a finales del siglo XIX se encontraron con un mundo en donde la riqueza crecía rápidamente, al igual que la tecnología y los niveles de vida. Para ellos, no resultaba tan obvia la idea de que el mundo no hubiera sido siempre así. Y los que sí lo sabían, quizá ya hubieran asumido que el antiguo problema de la pobreza había sido resuelto. Ya no era importante mantener vivas las instituciones sociales que habían erradicado la pobreza”(p.10).

Claro que todos tenemos opiniones distintas, sin embargo, lo más virtuoso de la libertad es poder tener un debate libre de ideas, tal y como es la iniciativa de estos grandiosos Círculos.

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Retrato del hombre nuevo.

“…’Los hombres son renuentes a ser totalmente buenos o totalmente malos’. Lo primero que diría a quién defendiese tal proposición sería: ‘Hable por usted mismo, no por los demás’…”
Ayn Rand.

“Separarse de la especie por algo superior, no es soberbia, es amor”
Gustavo Cerati.

Por Voltairine.

¿Qué es ser un hombre nuevo?, es quizás la primera pregunta que se nos viene a la mente. Además de aquel famoso estribillo Marxista del “hombre espiritualmente emancipado de la enajenación del trabajo”, también es el estandarte de “libertad” que los intelectuales socialistas han tratado de vender. Mario Guilli y Silvia Vázquez en su ensayo sobre el tema, afirman que el socialismo es una sociedad superior y por ello el individuo se adapta a ella, convirtiéndose en el “hombre nuevo”, a través de una “transformación revolucionaria de su personalidad”, pero ¿qué significa transformar revolucionariamente nuestra personalidad en pro de adaptarnos a esta “sociedad superior”?

El hombre de Marx como un legado intelectualmente errado.

Marx afirma que el hombre está compuesto por dos clases de impulsos o apetitos, los constantes, o de carácter fisiológico en el humano, y los relativos, que deben su origen a cierta estructura social (poniendo como mayor ejemplo al capitalismo), son necesidades creadas y no son parte de la naturaleza humana, alejándolo de su conexión espiritual consigo mismo y de la riqueza de su propio potencial. La verdad es, que esos impulsos relativos de los que Marx hablaba, son sólo una consecuencia del potencial humano, no una piedra en el camino para el desarrollo del mismo, como los socialistas nos han querido hacer creer. Tomando en cuenta esta falacia, se puede observar claramente la primera mayor incoherencia del hombre nuevo con la libertad, puesto que éste no es más que un individuo con sus necesidades no fisiológicas controladas, lesionando significativamente su propia libertad de soñar, decidir, ejecutar y consecuentemente explotar su potencial humano. Si bien Marx pretendía “liberar al hombre de las necesidades creadas por el capitalismo”, entonces ahora éste pasaba a la sumisión colectiva y coercitiva de sus propias ambiciones.

Por otro lado, Marx alegaba que el hombre sólo estaba en contacto consigo mismo adorando lo que él ha creado, pero no reconociéndose a sí mismo como un creador, mostrando al trabajo y al dinero como ídolos del humano, por ello, éste debía lograr una emancipación de la auto-enajenación generada por dichos elementos, de nuevo, otro argumento falaz, puesto que no hay nada más satisfactorio para el individuo en esencia, que poder gozar del fruto del trabajo creado y ejecutado por él mismo. El hombre en su pleno ser, honra al trabajo porque de él viene una recompensa que servirá como medio de intercambio, para permitirle llevar a cabo sus planes personales, el hombre nuevo que ve al trabajo y al dinero como ídolos malos, no lo hace porque haya dejado de necesitarlos, sino porque en carencia de incentivos, hace un vulgar culto a la mediocridad.

Para Marx, la propiedad privada también representaba un ídolo que había que abolir, decía que “el comunismo es la expresión positiva de la abolición de la propiedad privada…”, pero nuevamente Marx subestimó el concepto de la propiedad privada, ya que ¿cómo podremos proteger y hacer valer nuestros derechos individuales si no poseemos la propiedad privada de los mismos?, ¿Cómo podemos establecer acuerdos contractuales si no poseemos la propiedad privada de nuestros derechos? El hombre nuevo no valora el verdadero sentido de la propiedad privada, por lo que de él no se puede esperar que respete la propiedad privada ajena, incluyendo los derechos del otro.

Con las condiciones anteriormente nombradas, se hace muy claro ver que la visión Marxista del hombre es una visión intelectualmente errada del mismo. Claramente, la proliferación de estos especímenes, se dará en un ambiente ajustado a las condiciones que el socialismo propone.

Guillermo Rodríguez González concuerda en que el axioma moral que rige la constitución del socialismo, es la envidia. Quizás Marx sufría de éste mal, pero también creo que existe la probabilidad de que sintiera una gran pereza hacia el esfuerzo que el trabajo implicaba, así desarrolló una visión muy limitada del hombre, y digo muy limitada, ya que según Marx los únicos intereses válidos para éste se reducían al arte, la caza, la pesca, entre otros; pero, ¿acaso es invalido tener interés propio en el sector del avance de capital, y desarrollar nuestro potencial humano en eso?, ¿quién era Marx para clamar que esto era inválido en un humano?, cada humano es libre de identificar sus propios intereses, pero no de dictar cuáles son buenos y cuáles son malos para los demás.

Marx alentaba al desprendimiento, y criticaba fuertemente al capitalista avaro, indiferentemente de si ser avaro es moralmente bueno o moralmente malo, una persona de ésta clase no hace daño a terceros, como si lo puede hacer en los antivalores implícitos en el legado de aquel hombre que Marx nos dejó.

El hombre nuevo y su verdadera transformación revolucionaria de la personalidad.

La concepción del individuo de Marx pasa entonces a ser el hombre nuevo advertido por Ernesto Che Guevara, concibiendo las bases sobre las que ésta teoría se ve forjada. Considerando que el legado Marxista del hombre nuevo posee inconsistencias con la libertad que éste tanto trataba de inculcarnos, se vuelve muy fácil pronosticar que el resultado de aquella “transformación revolucionaria de la personalidad”, con el fin de adaptarse a una “sociedad superior” llamada socialismo, no es una transformación positiva del humano, sino más bien toda una serie de antivalores que observaremos más adelante, y que, de hecho, encontraremos muy familiares en nuestro entorno.

Teniendo a un individuo con sus ambiciones truncadas, se identifica el primer y quizás más común antivalor de esta especie, el conformismo. El hombre nuevo es conformista, porque cuando el Leviatán empieza a controlar sus necesidades no fisiológicas, o como les llamaba Marx: “sus impulsos relativos”, no sólo destruye cualquier clase de incentivos existentes, sino que lo vuelve un parásito, a esperas de la limosna que pueda recibir. “A caballo regalado no se le mira el colmillo”, dice el refrán, y pues en efecto, el hombre nuevo no le mira el colmillo a la limosna que el Leviatán le da, porque ¿quién puede criticar algo que le están regalando?, de hecho el único incentivo del hombre nuevo es recibir y recibir, a cambio de muy poco esfuerzo, siendo esto quizás el mayor combustible de populismo en la historia.

Contrariamente, Louis Rougier en su obra “El genio de Occidente” relata el mito griego de Prometeo, en donde éste roba el fuego de Zeus para dárselo a los mortales, presentando como moraleja que el humano naturalmente siempre va a querer cambiar su condición para mejor, ajustándola a sus propios sueños. Si adaptamos esa premisa al hombre nuevo, concluiremos que éste no cae en conformismo, no obstante procede a caer en el oportunismo, siendo éste otro gran antivalor presente en él. Marx, en sus intenciones de liberar al hombre de la carga del trabajo, no contaba con que eso no iba a extinguir la ambición humana. Desafortunadamente, la ambición del hombre nuevo ya no será aquella de verdadero valor, sino una viciada de envidia perjudicial, que pretenderá pasar por encima de lo que sea necesario con el fin de lograr el objetivo, abriendo paso a una ética colectivista, a una serie de costumbres muy arraigadas de viveza, irresponsabilidad, desacato por las normas, y pare de contar.

El hombre nuevo no quiere pasar por nada que implique demasiado trabajo, a raíz de ello, la mediocridad es otro antivalor que se hace muy presente tanto en el hombre nuevo conformista, como en el oportunista. En el primero es fácil de observar, ya que en carencia de incentivos personales, y en conformidad con la limosna del Leviatán, el hombre nuevo no está motivado a competir, mucho menos a destacarse. Asimismo, el hombre nuevo oportunista también es mediocre, porque para él es más sencillo pasar por encima de los demás e irse por el camino fácil, que recorrer el camino honesto, con tal de obtener su cometido. Éste hombre nuevo oportunista es tan mediocre como el conformista en cuestión.

A pesar de las diferencias establecidas, el conformismo y el oportunismo en el hombre nuevo no son dos antivalores mutuamente excluyentes, el hombre nuevo puede perfectamente albergar ambos en sí mismo, ya que al no poder éste cambiar su realidad, se conforma con seguir persiguiendo sus fines a través de medios oportunistas. Cayendo en un perverso letargo, en donde no sabe diferenciar con claridad al bien del mal. Cuando esto ocurre, se dejan de reconocer las buenas acciones y se empiezan a justificar las malas, Ayn Rand hablaba sobre esta “moral gris” y decía que esto es uno de los síntomas más elocuentes de la quiebra moral de la cultura actual, luego aseveraba que es “una confesión psicológica que significa: ‘No estoy dispuesto a ser bueno y, por favor, no me considere totalmente malo’…”.

La principal exigencia moral de ser conformista y oportunista, es ser indiferente a los daños ajenos, en consecuencia, nacen el irrespeto y la irresponsabilidad hacia todo aquello del cual el hombre nuevo pueda obtener un fin, pero que a la vez pueda corromper fácilmente. Esto no sólo aplica para las leyes, o los objetos materiales, también aplica a seres humanos, obviamente a aquellos más vulnerables. Desafortunadamente en esa condición encaja perfectamente el género femenino.

Ludwig Von Mises, afirma que a lo largo de la historia, los derechos femeninos han sido casi inexistentes, los hombres eran despóticos con las mujeres y a éstas no se les permitía hacer todo lo que el hombre si podía. En este sentido, Mises agrega que la igualdad de derechos con la que las mujeres cuentan hoy en día, no se debe ni a rebeliones femeninas, ni tampoco a valores religiosos, sino a los valores instaurados por el capitalismo, puesto que cuando era la mujer la que traía riqueza al matrimonio, el hombre bajo un acuerdo contractual prometía cumplir con los mismos compromisos requeridos a la mujer, entre ellos la fidelidad. El fin detrás de todo esto, era evitar que éste tuviera hijos ilegítimos, y así proteger el capital de la familia. De hecho, Mises asevera que nunca hubo hombres tan fieles como en la época del capitalismo. Esto no significa directamente que la teoría del hombre nuevo sugiera machismo, pero si el capitalismo, sinónimo de libertad real, fue el que igualó los derechos de la mujer con respecto al hombre, el rechazo de éste podría significar un retroceso hacia lo que ha sido la historia de los derechos para el género femenino. Abolir la propiedad privada, como tanto quería Marx, insinúa abolir la posesión de los derechos propios, y por ende los acuerdos contractuales de carácter mutuo, lo que podría significar que las mujeres (físicamente más frágiles que los hombres), ya no tendrían cómo defender los derechos que tanto les costó alcanzar. No en vano, Carlos Alberto Montaner en su obra “Las raíces torcidas de Latinoamérica” concuerda con Mises al hacer una reseña de la trágica historia de los derechos de la mujer, y luego señala al estereotipo clásico del “macho latinoamericano”, como un resultado de esa nefasta herencia.

Considerando que a Latinoamérica se le conoce como “la tierra de las promesas incumplidas”, porque ésta no ha logrado conocer la prosperidad, entonces no es una casualidad que el hombre nuevo, hijo de estas tierras, aquel emancipado conformista, o el poco ético oportunista, sea visto como un estereotipo de maltratador a la mujer.

El hombre nuevo, más cerca de lo que creíamos.

Erich Fromm opina en fiel defensa del legado de Marx, que ésta visión del hombre nada tiene que ver con los casos más emblemáticos de socialismo en el mundo (como el de la Unión Soviética), poniendo a uno de éstos individuos como algo muy utópico y lejano de ocurrir. Pero -sin ánimos de desacreditar a Fromm- ya hemos adaptado las condiciones que Marx proponía, le quitamos al hombre la “auto-enajenación del dinero y el trabajo”, abolimos la propiedad privada, y de pronto el hombre se volvió conformista, oportunista, mediocre, irresponsable, experto en desacatar las leyes, y hasta machista; si éste no es el hombre nuevo, no sé quién lo será. Del mismo modo, no puedo evitar cuestionar, ¿Acaso no son éstas conductas muy comunes en la mentalidad Latinoamericana?; Carlos Alberto Montaner, Plinio Apueyo y Álvaro Vargas Llosa en el “Manual del perfecto idiota Latinoamericano” coinciden en que “La revolución y el socialismo latinoamericano han producido a un hombre nuevo. El idiota tiene razón. La revolución es un laboratorio de especímenes originales”.

Efectivamente, si usted estimado lector, reconoce alguna de éstas características en su entorno, pues permítame aclararle que cualquier parecido con la realidad, no se trata de ninguna coincidencia. Sobre todo en países cuyo sistema político no poseen una igualdad ante la ley, ni respetan los derechos de los individuos. Venezuela, albergue principal del socialismo del “Siglo XXI” (no más que una concepción Marxista adaptada a la nueva era), evidencia formar a hombres dignos de todas estas características. Ser un hombre nuevo significa estar emancipado, pero emancipado de las verdaderas conductas éticas y morales que éste espontáneamente pueda tener. Tristemente, que el hombre se vea emancipado de ellas no quiere decir que esté siguiendo su naturaleza per se, sino más bien una exigencia moral resultante de una carencia de libertad. Como especifican Montaner, Apueyo y Vargas Llosa, “Lo que no nos aclaró (la revolución) fue si este ser humano distinto y original sería mejor o peor que el anterior. Si dispondría de más o menos calorías, más o menos expectativa de vida, más o menos oportunidad de trabajo, más o menos bienestar”. Qué difícil es ser un hombre nuevo, ¿No?, sobre todo si esta transformación se trata de un mero sentido de supervivencia hacia la abundante maldad de los cerebros más lavados.

Un letargo de posible despertar.

Siendo Latinoamérica el ejemplo de hombres nuevos más fehaciente y cercanos que puedo observar, entonces sobre ella quisiera establecer las siguientes conjeturas.

He escuchado muchísimas veces sobre el problema cultural que reside en esta tierra, muchos sostienen la hipótesis de que la mentalidad de los latinoamericanos está muy subdesarrollada, y por eso es necesario un gobernante “con los pantalones bien puestos”, o como lo llamaba Laureano Vallenilla Lanz, un caudillo como un “gendarme necesario”, sin embargo esto tan solo es un pretexto para buscarnos gobernantes más populistas.

El problema cultural del hombre nuevo en Latinoamérica, es que no sólo encajamos con la idea original de Marx, sino que siempre hemos carecido de libertad, gracias a nuestras raíces torcidas, y gracias a la aparición de esos caudillos innecesarios. Hay que dejar las influencias con fuerte propaganda política a un lado, porque eso tan sólo es un instrumento privativo de libertad.

Si usted toma a un hombre nuevo, que cumpla con todas las características anteriormente nombradas, y lo suelta en un país que goce de desarrollo, éste se adaptará, e incluso antes de desacatar las reglas lo pensará dos veces. Esta fórmula mágica no guarda ningún secreto, más allá que un sistema de libertad bajo un imperio de la ley. Montaner, Apueyo y Vargas Llosa, ratifican esta teoría al expresar que “el hombre nuevo que emigra y se instala en otra sociedad acaba funcionando dentro de ella, a pesar de su poca experiencia y de tener la cabeza lavada por la propaganda”, porque después de todo, éstos comparten las mismas virtudes de querer abrirse paso a base de trabajo honesto, para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales. Dicho esto, se puede concluir que aquella teoría de establecer a un caudillo para infundir orden social, es una perversa falacia. Al hombre nuevo hay que enseñarle sobre la moneda de sus derechos, en donde una cara es libertad y la otra es la responsabilidad hacia los derechos ajenos, tratándolos a todos iguales ante la ley.

Dicho esto, podemos concluir que la mentalidad latinoamericana es producto de un nefasto legado. Montaner, Apueyo y Vargas Llosa alegan que “Lo que el hombre nuevo ha perdido en cultura democrática, no lo ha perdido en naturaleza humana”. He aquí pues, una apología a la mentalidad latinoamericana.

De aquellos que no quieren despertar del letargo, no puedo emitir muchas suposiciones, puesto que sólo uno mismo tiene la libertad de decidir entre abrir los ojos o permanecer cegado.